Informe Mundial sobre Desastres 2005 - Introducción
La información: un recurso
que salva vidas
Si pasamos revista a los acontecimientos
de 2004, sorprende constatar cuantos desastres podrían haberse
evitado con una mejor información y una mejor comunicación.
Para decenas de miles de personas, el desastre se desencadenó
de improviso sin que se les hubiera alertado.
El tsunami, que el pasado diciembre destrozó
tantas vidas, viviendas y medios de subsistencia, reviste gran importancia
en el informe de este año. Los científicos de toda
la región disponían de tecnología para registrar
el violento terremoto frente a las costas de Sumatra, pero carecían
de medios para informar sobre lo que sucedería o lo que había
que hacer.
Ahora bien, iniciativas oficiosas dieron
resultado, allí donde fallaron las alertas oficiales. El
26 de diciembre, por la mañana temprano, Vijayakumar Gunasekaran,
residente en Singapur, escuchó en la radio la noticia del
impacto devastador del tsunami; entonces, advirtió por teléfono
a sus familiares de Nallavadu, en la costa oriental de la India,
lo que permitió evacuar y poner a salvo a los 3.630 vecinos
de esa localidad.
La alerta temprana es el mejor ejemplo de
que una información precisa y oportuna puede salvar vidas.
En el Caribe, durante la temporada de huracanes de 2004, la mayoría
de los países alertaron a la población de los ciclones
que se avecinaban y, gracias a ello, se salvaron muchas vidas. La
clave de ese resultado reside en que sus sistemas de alerta se centran
en la gente y no sólo en la tecnología.
En Cuba, la instrucción sobre desastres
forma parte del programa escolar y todos los años, se hacen
ejercicios de evacuación antes que empiece la temporada de
huracanes. En Jamaica, voluntarios de la Cruz Roja, como Patricia
Greenleaf, recorren las calles con megáfonos para dar la
alerta 48 horas antes de la llegada prevista de los ciclones. Sensibilizar
de abajo hacia arriba es tan valioso como transmitir información
de arriba hacia abajo.
Además de salvar vidas, la información
alivia el sufrimiento en pleno desastre. Dar con el paradero de
familiares y amigos desaparecidos, saber a cuanta indemnización
tienen derecho y dónde serán alojados o, simplemente,
entender por qué sobrevino la catástrofe, son informaciones
que significan mucho para los damnificados que perdieron su hogar
y están traumatizados.
En Aceh, Indonesia, los voluntarios ayudaron
a 3.400 supervivientes del tsunami a reunirse con su familia, en
varios casos, utilizando teléfonos vía satélite.
En Sri Lanka, muchos temían que el maremoto hubiera sido
un castigo divino. La Cruz Roja Belga contribuyó a acabar
con esa superstición dando la explicación científica
del desastre.
Una vez que disponen de alimentos y refugio,
los damnificados por los desastres están hambrientos de información
para saber, entre otros, cómo reanudar su trabajo, participar
en la reconstrucción e influir en el programa de recuperación
previsto por gobiernos y organizaciones de ayuda. En Tamil Nadu,
el Estado de la India más castigado por el tsunami, grupos
de la sociedad civil establecieron una célula de coordinación
para conocer las prioridades de los habitantes de los 100 pueblos
siniestrados e integrarlas en la planificación de los encargados
de la ayuda. Mantener la comunicación con los damnificados
es un medio crucial, a través del cual, las organizaciones
de ayuda pueden promover la confianza, la transparencia y la rendición
de cuentas.
La buena información también
es esencial para garantizar que la ayuda sea apropiada y llegue
a quien tiene que llegar. Después del tsunami, las necesidades
propias de las mujeres se pasaron por alto más de una vez.
Grandes cantidades de ropa usada e inapropiada abarrotaron depósitos
y quedaron apiladas a orillas de los caminos de toda Asia meridional.
Saber lo que no se necesita y comunicarlo puede ser tan importante
como determinar lo que hace falta, pues permite ahorrar tiempo,
dinero y recursos.
Mientras tanto, lejos de los proyectores
de los medios de comunicación, diversas crisis crónicas
seguían socavando vidas y medios de subsistencia. La región
del Sahel de África occidental estuvo al borde de la hambruna
debido a la sequía y la plaga de langostas que pusieron en
peligro la vida de 9.000.000 de personas a mediados de 2005. A pesar
de las alertas oportunas, el drama del Sahel fue eclipsado por los
acontecimientos de Darfur y el Océano Índico. Promover
una mejor cobertura mediática de esos desastres humanitarios
sobre los que se dice poco y nada es de cabal prioridad, si nos
proponemos que la ayuda global se reparta en forma más equitativa.
Los periodistas locales pueden aportar una
enorme diferencia en la vida de quienes viven crisis. En Afganistán,
una radionovela de larga duración combinó el entretenimiento
con consejos para evitar enfermedades y minas terrestres, lo que
contribuyó a salvar vidas. Abundan pruebas de que la gente
adoptó un comportamiento menos riesgoso después de
haber escuchado ese programa.
Así pues, la trayectoria de la comunidad
de ayuda internacional tiene sus más y sus menos. La información,
por sí sola, puede salvar vidas, pero todo depende de la
forma en que recabamos y compartimos ese potente recurso. Afortunadamente,
el informe de este año revela que existen muchas prácticas
idóneas a partir de las cuales se puede elaborar. Quisiera
que ocurrieran tres cosas.
En primer lugar, que las organizaciones
de ayuda reconocieran que una información precisa y oportuna
es de por sí un medio de intervención frente a los
desastres. Tal vez sea la única preparación en previsión
de desastres que puedan permitirse las personas más vulnerables.
En segundo lugar, que en nuestro diálogo
con periodistas, donantes y público en general hiciéramos
más hincapié en el drama de quienes viven atrapados
en esos desastres de distintas partes del mundo que son ignorados.
Por último, y esto es indispensable,
que demos mayor prioridad a la comunicación con los damnificados,
pues ello redundará en una evaluación y una prestación
más eficaces de la ayuda. Además, proporcionar la
debida información a las personas vulnerables contribuirá
a que tomen las riendas de su propia vida y eso, es lo más
importante.
Markku Niskala
Secretario General
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