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Informe Mundial sobre Desastres 2006
- Resumenes de capítulos
Capítulo 1 - Crisis desatendidas:
La intervención parcial perpetúa el sufrimiento |
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El interés global
por la intervención humanitaria está en aumento
tras la sucesión de desastres repentinos y de grandes
proporciones desencadenados por el tsunami del Océano
Índico, el terremoto de Asia meridional y la gravedad
sin precedente de la temporada de huracanes de 2005 en las
costas estadounidenses del Golfo de México. Ahora bien,
cuanto más alumbran los proyectores de la prensa esas
catástrofes de gran visibilidad, más se hunden
en las sombras las crisis humanitarias crónicas y,
en muchos casos, más mortíferas. Hay muchos
tipos de desatención; la cobertura mediática
de algunas crisis puede ser escasa o nula y también
se puede dar el caso de que no se disponga de fondos para
paliarlas, que no figuren en las bases de datos sobre desastres
o que sean desencadenadas por un acontecimiento secundario
que no se había previsto. Otras crisis se desatienden
ya sea porque los gobiernos las ocultan, porque son de difícil
manejo para las organizaciones de ayuda o bien, porque quienes
toman decisiones no logran entenderlas y encontrar las intervenciones
apropiadas. En todas esas crisis subyace la profunda desatención
de la vulnerabilidad social frente a los desastres. Organizaciones
humanitarias, donantes, gobiernos y prensa deben abordar todos
los tipos de desatención para garantizar que los afectados
no queden sumidos en un sufrimiento silencioso que se puede
mitigar.
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Capítulo 2 - Hambre en Malawi: Una emergencia
desatendida |
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Entre 2005 y 2006, Malawi,
uno de los países más pobres del mundo, sufrió
una aguda crisis alimentaria durante la cual, el 40% de la
población, casi 5.000.000 de personas, necesitaba ayuda
alimentaria. Debido a las carestías anteriores, muchos
hogares pobres no habían logrado reconstituir sus reservas.
Entonces, los afectados vendieron pertenencias, redujeron
el número de comidas diarias, retiraron los niños
de la escuela y se libraron al robo y la prostitución.
Cuando, finalmente, se declaró el estado de emergencia,
afluyeron grandes cantidades de ayuda alimentaria, pero los
llamamientos destinados a costear semillas y fertilizantes
para reactivar la agricultura fueron desatendidos. Lo mejor
para evitar futuras crisis alimentarias en la región
es ayudar a los gobiernos a invertir en la agricultura y otros
medios de subsistencia sostenibles en zonas rurales. De no
ser así, persistirá el ciclo recurrente del
hambre y las intervenciones corto plazo. |
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Capítulo 6 - "No es momento para consideraciones
de género. ¡Esta es una emergencia!" |
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En un desastre, las consideraciones
de género pueden parecer un lujo que puede esperar
hasta que se resuelvan cuestiones más urgentes. Sin
embargo, la experiencia muestra que si tras un desastre, las
desigualdades de género no se abordan inmediatamente
y durante toda la intervención, niñas y mujeres
pueden verse condenadas a recibir menos ayuda, tener menos
probabilidades de sobrevivir y exponerse a la enfermedad,
la violencia e incluso la muerte. A efectos de reducir futuros
sufrimientos en casos de desastre, las organizaciones de ayuda
deben velar por el pleno respeto de los derechos humanos de
la niña y la mujer –civiles, culturales, económicos,
políticos y sociales– incluidas la prevención
y la penalización de la violencia basada en el género. |
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Capítulo 7 - ¿Adecuada? ¿Equitativa?
¿Oportuna? Tendencias de la ayuda humanitaria en 2005 |
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La ayuda humanitaria de
donantes occidentales superó los 12.000 millones de
dólares en 2005, la cifra más alta desde que
se empezara a llevar el registro. El tsunami del Océano
Índico en diciembre de 2004 dio lugar a donaciones
sin precedente. La recaudación de fondos internacionales
totalizó más de 14.000 millones de dólares
y las donaciones de particulares representaron un tercio de
esa cifra. No obstante, la distribución de la ayuda
sigue siendo desigual; los aportes a los llamamientos de la
ONU oscilaron entre 3 dólares por beneficiario, en
el caso de Guyana, a 310 dólares en el caso de Sudán.
Comparativamente, Asia es desatendida, pues recibe menos del
30% de la asistencia humanitaria global. Los alimentos son
el sector mejor cubierto en relación con las solicitudes,
pero los sectores de recuperación económica,
refugio, agua y saneamiento, salud y agricultura se cubren
a menos del 40% en término medio. La ayuda ha de ser
adecuada y equitativa. Donantes y organizaciones de ayudan
deben establecer de común acuerdo un sistema de medición
de las necesidades globales y garantizar que las intervenciones
de ayuda suplan las necesidades prioritarias. Es preciso integrar
más las intervenciones humanitarias y las intervenciones
de desarrollo para abordar las crisis crónicas y recurrentes. |
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