El origen del voluntariado en la Cruz Roja
Actuar de manera voluntaria era un aspecto esencial del concepto de la Cruz Roja cuando se fundó. En la batalla de Solferino en 1859, el joven Henri Dunant organizó a las mujeres del pueblo para ayudar a los heridos y moribundos que yacían abandonados por sus propias fuerzas. Regresó a su país para escribir el libro Recuerdo de Solferino, que condujo varios años más tarde a la fundación de la Cruz Roja.
"¿No se podrían fundar, en tiempos de paz y tranquilidad, sociedades de
socorro compuestas por abnegados voluntarios debidamente calificados, cuya
finalidad sea prestar, en tiempos de paz, asistencia a los heridos?"
"Para una tarea de esta índole, no se debe recurrir a los servicios de
mercenarios [... ] Por consiguiente, es necesario contar con enfermeras y
enfermeros voluntarios, diligentes, preparados o iniciados para llevar a
cabo esta obra, y que, reconocidos o aprobados por los jefes de los
ejércitos en campaña, reciban facilidades y apoyo en su misión".
A partir de esas palabras creció todo el Movimiento de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, expandiéndose de un país a otro a medida que diversas personas de un lugar se unían, fundaban una sociedad, elegían a una junta de gobierno voluntaria y comenzaban a buscar voluntarios.
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