| Programas y llamamiento 2008-2009
El humanitarismo es una
empresa a escala individual
El auténtico humanitarismo debe funcionar a todos los niveles de la sociedad, del plano mundial al
comunitario, aunque en realidad ese ideal humanitario de prestar cuidados a nuestros semejantes implica
preocuparse de cada persona. Podemos ofrecer esperanzas renovadas a muchos, pero este acto de humanidad
se entrega individualmente.
Podemos enterarnos de que se ha rescatado a un número impresionante de víctimas de entre los escombros
tras un sismo, o que se les ha salvado de las aguas enfurecidas después de una inundación, pero
detrás de cada una de esas situaciones hay una vida humana invalorable.
El humanitarismo es una empresa que se lleva a cabo a nivel de cada individuo, no hay soluciones en gran escala.
Para llegar a cada familia que necesita ayuda humanitaria debemos formar parte de la comunidad. Y no
sólo debemos estar allí, sino que también debemos saber actuar cuando hay puentes destruidos, cuando
las carreteras son inexistentes o cuando hay que atravesar pasos montañosos peligrosos. Una organización
humanitaria que forma parte permanente de la comunidad –y que tiene la posibilidad de ampliar
rápidamente sus actividades a escala mundial– ocupa una posición idónea para brindar ayuda donde más
se precisa, así como para asegurarse de que se tomen las medidas apropiadas y las más adaptadas a las
necesidades reales de cada situación.
Los voluntarios capacitados residentes en las comunidades vulnerables son un recurso que muy contadas
organizaciones poseen. La Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media
Luna Roja posee la capacidad de tener esa presencia, incluso en los lugares más remotos del mundo.
Hoy en día, la Federación Internacional apuesta por la preparación y la resiliencia de la comunidad como la
mejor manera de prevenir y mitigar la vulnerabilidad. Los desastres naturales y las epidemias afectan sin distinción
a los hogares, por consiguiente, la clave del éxito para abordar esos problemas se sitúa al mismo nivel.
Todo lo que hagamos, tanto a escala nacional como comunitaria, debe armonizarse para respaldar la
acción dentro de las comunidades y planearse de la mejor manera posible para que cada una de ellas esté
preparada y pueda responder en caso necesario.
A medida que cada comunidad va consolidando su preparación, se van sentando las bases para una respuesta
nacional sólida a los desastres. De esta manera, se van estructurando la preparación y la respuesta
a escala nacional gracias a una acción comunitaria firme, bien organizada y sustentada. Esta preparación
para la acción será eficaz siempre que se construya a partir de la base, y en lugar de imponerse
desde arriba, sea a nivel nacional o mundial. De lo contrario, se obtiene una estructura frágil, desorganizada
y tambaleante; una construcción sin un fundamento sólido es siempre inestable.
En 2008, la Federación Internacional colaborará más estrechamente que nunca con las comunidades. Hemos
trasladado el núcleo de nuestra capacidad de coordinación a siete oficinas zonales en Budapest, Kuala
Lumpur, Ammán/Doha, Nairobi, Johannesburgo, Dakar y Ciudad de Panamá. Estas oficinas zonales, junto
con nuestras unidades de gestión de desastres descentralizadas en Ciudad de Panamá, Kuala Lumpur y el
resto del mundo (por consolidarse), tienen hoy la capacidad para guiar y sincronizar los muy diversos aspectos
de la labor de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja en las respectivas zonas.
El objetivo de nuestra labor es cada beneficiario. Por consiguiente, es lógico que nuestra capacidad para
actuar dependa de cada voluntario de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja. Cada nivel de nuestras
estructuras, programas, prácticas y políticas está diseñado para sostener la capacidad de un solo voluntario
a fin de que un solo beneficiario sea menos vulnerable. Cuando lo hemos logrado, multiplicamos,
ampliamos y ensanchamos nuestra cobertura. Esta fórmula sencilla es la clave del éxito.
De los 100 millones de empleados, miembros y voluntarios de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja
en los 186 países, alrededor de 13,5 millones de personas forman el núcleo que despliega actividades a
diario. Como organización humanitaria mundial, somos eficaces gracias a que nuestros colaboradores
debidamente capacitados han aunado sus fuerzas.
En 2009, celebraremos el 150 aniversario de la batalla de Solferino, lugar donde se sembró la simiente
de lo que llegaría a ser más tarde el Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna
Roja. Desde los albores del Movimiento en el campo de batalla en 1859, ha perdurado nuestro principio
cardinal de asistencia humanitaria neutral, que sirve de apoyo a la multitud de tareas y deberes que
cumplimos diariamente para ayudar a los menesterosos. Esta labor ha sido posible, y continúa siéndolo,
gracias a los generosos fondos que recibimos de nuestros donantes, algunos de los cuales nos han
acompañado por más de 100 años.
La Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja hace un llamamiento
por valor de 326 millones de francos suizos para 2008. Dentro de un año, se hará una actualización
de la cifra correspondiente a 2009. Estos fondos son esenciales para asegurar que nuestros
programas sigan atendiendo a las necesidades de las personas más vulnerables en todo nuestro planeta.
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