La Cruz Roja y la Media Luna Roja ofrecen nuevas viviendas a familias vulnerables y les ayudan a mejorar su vida y sus medios de subsistencia.
Para llegar a la vivienda que Dorjpagam, de 61 años, comparte con su hija y su nieta hay que recorrer un sucio sendero que serpentea en medio de una jungla de terminales de contenedores y bloques de apartamentos en construcción.
Pero incluso si el paisaje semiurbano que rodea su morada es un tanto sombrío, Dorjpagam sonríe al recordar el primer invierno que pasó en el ger –la tienda de campaña redonda, tradicional de los nómades de Mongolia– que le ofreciera la Cruz Roja Mongola (CRM), en noviembre del año pasado.
En la cabaña desvencijada donde vivían antes las tres, el aire se colaba por todas partes, en cambio el ger “es lindo, acogedor y calentito en invierno”, dice mientras se ocupa con diligencia de servir el té a los visitantes.
Prestaciones estatales
Tsatsaralmaa, la hija de Dorjpagam, tiene 30 años pero desde hace unos cuantos no puede trabajar por un problema vascular en las piernas. De ahí que Dorjpagam, Tsatsaralmaa y su hija de cinco años dependan de las prestaciones estatales.
El suyo es uno de los 12 hogares vulnerables que hasta la fecha recibieron gers de la CRM en el marco de un programa piloto financiado por la Cruz Roja Británica con gran apoyo de Land Rover G4 Challenge.
Un ger cuesta alrededor de 1.000 francos suizos (900 dólares o 631 euros) y mantener el costo bajo es toda una lucha. Aun así, Ariunaa, gerente del programa, estima que aportan una mejora notable, sobre todo, a aquellas familias con algún enfermo y niños que criar.
Impacto a largo plazo
“Por eso, este es un medio de tener un impacto a largo plazo en la vida de los beneficiarios para que no tengan que preocuparse de disponer de un techo. Además, lograr que los niños sigan yendo a la escuela es absolutamente indispensable para el futuro de las familias”, añade Ariunaa.
Al otro extremo de la ciudad, Munkhjargal, de 38 años, y su familia también recibieron un ger de la CRM.
Ella sufre de los riñones, debe someterse a diálisis periódicamente y no puede trabajar. Además, junto con su esposo, deben sacar adelante a sus dos hijos adolescentes. Tuvieron que vender su ger y parte de sus tierras para pagar el tratamiento médico y antes de que recibieran el nuevo ger de la CRM, en febrero de 2008, 12 familiares vivían apiñados en la pequeña casa del padre de Munkhjargal.
Contribuir a ofrecer un techo a familias como éstas es tan solo una de las nuevas orientaciones del programa de asistencia social de la CRM. Otra iniciativa de talla es la creación de unos 25 grupos de autoayuda, ya sea para procurarse alimentos e ingresos, o bien para mejorar los medios de subsistencia, lo que es crucial en estos tiempos de aumento del precio de los alimentos.
En su huerto cercado, en la ventosa llanura de Baganuur, distrito periférico de Ulán Bator que queda a unas dos horas del centro de la ciudad, Tuya muestra satisfecha su campo de papas.
“Cultivo distintas variedades para ver cual crece mejor”, dice esta ex funcionaria del gobierno local y voluntaria de la CRM desde hace cuatro años. Una vez que haya comprobado qué variedad resiste mejor a los rigores del clima de Mongolia, se lo indicará al grupo de autoayuda que dirige para que todas las familias puedan cultivarla y suplir sus necesidades.
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Para llegar a la vivienda que Dorjpagam, de 61 años, comparte con su hija y su nieta hay que recorrer un sucio sendero que serpentea en medio de una jungla de terminales de contenedores y bloques de apartamentos en construcción. (p18453)
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La Cruz Roja y la Media Luna Roja ofrecen nuevas viviendas a familias vulnerables y les ayudan a mejorar su vida y sus medios de subsistencia. (p18450)
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| Dorjpagam, de 61 años con su hija. (p18454) |
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“Cultivo distintas variedades para ver cual crece mejor”, dice esta ex funcionaria del gobierno local y voluntaria de la CRM desde hace cuatro años. (p18451)
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