Mujeres resistiendo en medio de la pandemia

by Melissa Monzon/IFRC

Zurich, Roselbis y Mariluz son tres mujeres que hoy viven en Lima, Perú, muy lejos de su natal Venezuela. Ellas emprendieron un viaje hace algunos años en búsqueda de mejores oportunidades, tanto para ellas, como para sus familias.

Zurich

“He sido luchadora desde Venezuela, y en el Perú me considero todavía aún luchadora, guerrera. No tengo depender de alguien para que mis hijas avancen, sino que dependo de mí misma, siempre pidiéndole a Dios que me dé fuerza, salud y muchas ganas para seguir adelante.”, nos comenta Zurich, quien vive en Perú desde hace poco más de tres años.

Zurich es madre soltera, ella es el sostén de sus dos hijas de 15 y 17 años “Asumí el rol de madre soltera hace once años y me dediqué a trabajar para el bienestar de mis hijas, y hacia ellas me enfoco, me dedico. Todo mi esfuerzo, todo mi sacrificio ha sido por ellas, y realmente no me quiebro, no quiero desistir, quiero salir adelante, quiero sacar a mis hijas adelante, que estudien, que tengan un buen futuro.”, comenta.

Cuando llegó a Lima ella no conocía a nadie, pero por la experiencia que había tenido como comerciante en Venezuela, ella sabía que debía tocar varias puertas y que alguna se le abriría. “He tenido bastantes obstáculos, pero con mi mente positiva siempre ‘Hoy no consigo, mañana sí´, no me quedo estancada de que no voy a buscar o que me van a rechazar, eso es como en todas partes, hay que tocar las puertas, no en todas te van a decir lo mismo.”; es así que consiguió un empleo como mesera en un restaurante a los cuatro días de llegar a Lima.

Sin embargo, los riesgos siempre están presentes “Estaba en un restaurante trabajando y se me acercó un señor, me preguntó mi nacionalidad y me ofreció dinero a cambio de que me fuera con él; pero yo me hice valer como mujer, y por mi valentía de hacerme respetar, perdí mi trabajo. Cuando me despidieron, me fui a la casa, reposé, descansé y al otro día seguí buscando empleo, y volví a encontrar en otro restaurante. Yo no me paro, sino que, si pierdo uno, busco otro, y así estoy; si se cierra una puerta, toco otra”.

Zurich es hoy trabajadora del hogar, realizando las labores de limpieza, cocina, entre otros. Ella, al igual que muchas mujeres, ha sentido los efectos de la pandemia por COVID-19. “Yo trabajo en la modalidad cama adentro, en casa de familia, y cuando empezó la pandemia yo estaba en casa de familia. Me dijeron que tenía que hacer cuarentena con ellos, por lo que estaba presentando en Perú, por la emergencia. Eso me afectó un poco emocionalmente, porque no podía salir para ver a mis hijas y a mi mamá. Pero seguí trabajando, con el entusiasmo, porque también soy el sustento de mi familia, tengo que trabajar aquí por ellos.”. Luego de quedar sin trabajo porque tuvo que salir porque su madre enfermó, Zurich encontró trabajo con otra familia, donde estuvo laborando hasta diciembre del año pasado, donde también tuvo que quedarse sin posibilidad de ver a su familia por cuatro meses “Con pandemia no podía ver a mis hijas, solo las veía por videollamada, no las podía ver físicamente, no las podía tener, pero era o el estar sin empleo pero en casa, o estar fuera de casa pero con un empleo, y me tocó pues.”

Zurich forma parte de la agencia Nanas y Amas “Me gusta porque la agencia te da prioridad a ti como mujer, como persona, sin importar tu nacionalidad. Lo importante es que tú trabajes y te desempeñes bien, que demuestres que eres el tipo de mujer que es luchadora y trabajadora. Nos indican que no debemos aceptar humillaciones, si no nos sentimos bien en una casa, llamamos a la agencia y la agencia nos manda retirar, buscan el bienestar para nosotras, para que nosotras estemos bien”.

Actualmente Zurich se encuentra sin trabajo, pero con la esperanza de que todo va a mejorar. Después de tres años de estar en Lima, ella menciona estar enamorada de esta ciudad “Realmente Perú me parece que es uno de los mejores países, y estoy enamorada de Lima totalmente. Me gusta su comida, la cocino toda. Aunque también hay de todo, hay personas que sí me vienen de malas vibras, con xenofobia, pero yo simplemente, esa parte no lo tomo en cuenta, y me enfoco a lo que yo quiero, en lo positivo, en lo bueno, para allá es que voy. A mí me parece Perú muy bueno.”

Roselbis

Roselbis es oriunda de la Isla de Margarita, Venezuela, y llegó a Perú en el 2017. Ella y su esposo eligieron Perú como país de destino, pues tenían familiares peruanos. Roselbis se graduó en el 2012 como médico cirujano en Venezuela, y ejerció su profesión hasta que salió de su país.

“Fue realmente difícil dejar Venezuela, fue despedirme de mi familia, despedirme de mi hogar, y también el temor que sentía de llegar a un nuevo país y no saber cómo me iba a ir. No sabía si iba a poder ejercer mi profesión. Eran muchos temores, muchos miedos que se desencadenaban en ese momento. Y aunque la adaptación fue un proceso largo, no fue difícil. Siento que mi adaptación fue rápida por decirlo así.”, nos comenta.

Ejercer su profesión fue un poco más complejo, no solo tenía que cumplir los requisitos del país, como la colegiatura y la homologación de su título, sino que encontrar trabajo en su rubro le fue difícil “Me costó mucho, recuerdo que me postulé muchísimas veces, creo que perdí la cuenta de cuantas veces me postulé y fue un poco difícil la búsqueda de trabajo realmente”.

En el 2019, comienza a apoyar en las jornadas de salud que brindaba la Cruz Roja Peruana en diferentes puntos de la ciudad de Lima, jornadas dirigidas a población migrante y población local en situación de vulnerabilidad. En febrero del 2020 empieza su labor como doctora del Puesto de Atención en Salud; sin embargo, dos semanas después, se decretó en el Perú el estado de emergencia e inmovilización social por la pandemia por COVID-19, por lo que el puesto tuvo que cerrar. “Recuerdo que nuevamente llegaron los temores y los miedos a mí, porque recién había empezado en este trabajo, y no sabía si lo iba a perder. Felizmente las cosas no fueron así, pasé al trabajo remoto, dejé mi consultorio, y pasé a brindar orientaciones médicas a las personas que lo necesitaban por medio del WhatsApp. Luego, iniciamos las atenciones en los albergues, las cuales aún brindamos.”.

En setiembre del 2020 Roselbis regresó a brindar atenciones presenciales ante la reapertura del Puesto de Atención en Salud, desde ahí, ella atiende a personas migrantes, personas que en su mayoría migraron de Venezuela a Perú, como ella. “Realmente me siento bien al brindar este apoyo, porque yo también soy migrante, y atender a mis compatriotas me llena de alegría porque sé las necesidades que tienen estas personas, sé de las dificultades que se les presentan para tener una consulta en salud. Ellos me dicen a veces “Doctora, qué bueno que usted es venezolana, porque me siento en confianza, entiendo sus términos”, y eso también me gusta bastante, que mis pacientes se sientan en confianza conmigo.”

Respecto a qué les diría a otras mujeres que, como ella, vienen brindando servicios de salud, Roselbis comenta “Que continuemos en la lucha. Estamos en medio de una pandemia y no debemos caer. Si estudiamos para ser médicos, para brindar atenciones de salud, y nos ha tocado vivir esta pandemia, hay que seguir al pie de la lucha, seguir con esta bonita carrera que decidimos algún día empezar”.

Mariluz

Mariluz nació en el estado de Anzoátegui, Venezuela; ella es técnica en seguridad industrial, y durante 15 años ejerció su profesión en Venezuela en la industria petrolera; hoy, en Lima, Perú, se dedica a la limpieza de casas y oficinas.

“La razón por la cual salimos fue por la salud de mi niño menor, él tiene una condición desde que nació, sufre de broncoespasmos. Como llegó un momento en que no tuvimos acceso a los medicamentos y que casi le da un paro respiratorio, con mi esposo tomamos la decisión de irnos. Y es así como tuvimos que sacrificar todo lo que habíamos construido durante quince años, de vender todos nuestros bienes, todo por mejorar la calidad de vida sobre todo de nuestros niños. Porque cuando todavía tienes voluntad, coraje, sabes que tienes la fuerza para salir adelante, y no ver atrás; igual siempre uno tiene temor de empezar de cero al inicio, esa incertidumbre de llegar a un país desconocido; pero una vez que llegas y ves la acogida, esa hermandad que hay dentro de toda esta situación, una piensa ‘Tomémoslo con calma, que sí lo vamos a lograr´”, de esta manera, Mariluz resalta el apoyo que ha tenido desde que llegó a Perú, donde nos indica ha hecho buenas amistades, quienes les han tendido una mano.

Cuando llegó a Perú, el dueño del edificio, quien tenía una lavandería le ofreció trabajo, ahí laboró durante tres meses. “Cuando el dueño me pregunta si sabía hacer una cosa, yo le contesté ‘No lo sé, pero tengo la voluntad de aprender´”, y con eso se proyectaron para obtener lo necesario para subsistir. Paralelamente, Mariluz arregló su situación migratoria para poder trabajar.

Cuando llega la pandemia, ella nos comenta que su esposo perdió el trabajo, y por ello sintió temor por toda la incertidumbre que existía, tanto en el tema de salud, como en su situación laboral. Gracias a las amistades que fue cultivando en su tiempo en Lima, consigue trabajar brindando asesorías en seguridad industrial, este trabajo le permitió mantener a su familia durante el tiempo que su esposo estuvo desempleado. Sin embargo, el ingreso le alcanzaba para cubrir la alimentación, más no el alquiler de su habitación “Tuvimos la gran ventaja de que el arrendatario es un señor muy cordial y muy comprensivo, y pudimos llegar a acuerdos con él en cuanto al pago”.

Mariluz forma parte de Loop, iniciativa que busca vincular a las mujeres venezolanas en condición vulnerable con oportunidades de empleo aprobadas que garanticen una remuneración justa, seguridad y la oportunidad para decidir sus propios términos de empleo. Ella indica que esto le ha permitido empoderarse de su tiempo, ya que como tiene dos niños pequeños, no los puede dejar tantas horas solos. “Realizando estas labores de limpieza y desinfección de casas y oficinas puedo elegir los días que voy a trabajar y programar mi semana. Adicionalmente a esto me gusta hacer postres, hago mis tortitas. Antes cuando no estaba todo tan cerrado (por la pandemia), yo salía a la calle a vender mis postres por porciones”.

Cuando reflexiona sobre ser mujer y migrante, ella nos dice “Para mí, la mujer migrante es una mujer luchadora, una mujer aguerrida, es una mujer que sale a luchar, sin distinción de nacionalidad, porque aquí no se trata de nacionalidad, se trata del amor que tienes a tu familia y del compromiso que tienes, así definiría a la mujer en este tiempo.”

“Nuestro lema es que siempre hay que ver qué oportunidades hay. Se pueden presentar inconvenientes, pero luego viene la oportunidad. Yo pienso que es ese positivismo que uno mantiene día a día que te permite estar aprovechar las oportunidades.”