Informe Mundial sobre Desastres: abordar la discriminación en casos de desastre

Publicado: 13 diciembre 2007

En la edición de este año del Informe Mundial sobre Desastres –presentado hoy, 13 de diciembre, por la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja– se examina la discriminación en casos de desastre y se analiza qué grupos son discriminados y el porqué de su discriminación, así como la forma en que ésta se manifiesta y agrava la vulnerabilidad.

Según el Informe, los grupos a los que se suele discriminar (con frecuencia sin intención de hacerlo) son las personas de edad, las personas con discapacidad, determinadas minorías y las mujeres, grupos a los que rara vez se busca o escucha. A veces, el problema se ve exacerbado por el hecho de que las actitudes discriminatorias nacen y se fomentan en la propia familia o la propia comunidad.

En el Informe se formulan recomendaciones encaminadas a asegurar que en los programas de preparación para desastres se tengan en cuenta las necesidades de los grupos marginados y vulnerables, y que estos grupos reciban una asistencia oportuna y adecuada en situaciones de emergencia y participen en las actividades de recuperación después de los desastres.

También se señala que compete a los gobiernos y los organismos de ayuda detectar y abordar actitudes y procedimientos discriminatorios. Raza, color, sexo, idioma, religión, credo político, opinión, origen nacional o social, condición económica y lugar de nacimiento son tan solo algunas de las causas de discriminación que pueden comprometer el acceso de determinados grupos a la ayuda en casos de desastre.

“De cara a la discriminación ha de prevalecer el diálogo, la franqueza y la comprensión” señala Markku Niskala, Secretario General de la Federación Internacional, y subraya: “Los organismos de ayuda deben obrar por un cambio de actitudes, velar por la inclusión de los grupos marginados y abogar por ellos. Puesto que la discriminación prospera en la oscuridad, debemos sacarla a la luz.”

En su edición de este año, el Informe Mundial sobre Desastres cita ejemplos de personas ciegas, sordas o paralíticas que tal vez no puedan huir por sí solas del peligro. ¿Prevén los planes de evacuación que una parte de la población quizás no sepa leer por no haber tenido acceso a la enseñanza? ¿Se tienen en cuenta en los planes de asistencia las necesidades médicas y nutricionales de las mujeres embarazadas y las personas de edad? ¿Garantizan los sistemas de distribución que todos tengan acceso a agua y alimentos esenciales? En situaciones de crisis, ¿se protege a las mujeres vulnerables de la violencia sexual y otras formas de violencia?

Entre las soluciones para abordar la discriminación, el Informe pide definir claramente los conceptos de marginación y vulnerabilidad, así como preparar más información sobre el impacto de la discriminación. Además, recalca la necesidad crucial de que los grupos marginados y vulnerables participen en el diseño y la ejecución de los programas de ayuda de emergencia y para el desarrollo.

El Informe incluye una sección de estadísticas y análisis de las tendencias mundiales en torno a los desastres, proporcionados por el Centro de Investigación sobre Epidemiología de los Desastres (CRED de sus siglas en inglés), de la Universidad Católica de Lovaina, Bélgica. Aunque la comparación entre 2006 y 2005 arroja resultados alentadores, la tendencia de los 10 últimos años revela un aumento considerable del número de desastres y el número de muertos respecto a la década anterior.

En 2006, hubo 427 desastres naturales, cifra bastante cercana a los 433 de 2005. El número de damnificados (142 millones) disminuyó un 10 por ciento y el número de muertos (23.833) descendió drásticamente, casi un 75 por ciento, respecto a 2005. En 2006, el número de desastres tecnológicos (297) disminuyó un 20 por ciento y el número de muertos (9.900) un 15 por ciento respecto a 2005, pero el número de damnificados pasó de 100.000 a 172.000.

En 2006, los desastres naturales se atribuyeron la aplastante mayoría de los damnificados por desastres (cuyo número fue casi un 50 por ciento inferior a la media anual de la década, que se cifró en 268 millones) y el 70 por ciento de las víctimas mortales. El desastre más mortífero fue el terremoto de mayo en Yogyakarta, Indonesia, que se cobró 5.778 vidas.

De la comparación entre los datos de la última década (1997-2006) y los de la década anterior (1987-1996) resulta que el número de desastres aumentó un 60 por ciento, pasando de 4.241 a 6.806. En el mismo período, el número de muertos pasó de más de 600.000 a más de 1.200.000; el número anual de damnificados aumentó un 17 por ciento, pasando de casi 230 millones a 270 millones, y el monto de los daños acusó un aumento del 12 por ciento. Una mejor presentación de informes sobre los desastres de menores proporciones explica en parte esos aumentos. No obstante, los desastres más graves están aumentando.

Las propias estadísticas de la Federación Internacional confirman esa tendencia. Por ejemplo, entre 2004 y 2006, el número de intervenciones de la Cruz Roja y la Media Luna Roja en casos de desastre aumentó más de un 70 por ciento. Las inundaciones y otros fenómenos meteorológicos causaron la mayoría de esos desastres. Al 10 de octubre de 2007, la Federación había contabilizado 410 desastres, 56 por ciento de carácter meteorológico, lo que corresponde a la tendencia del número creciente de desastres relacionados con el cambio climático.

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