Lucha contra la discriminación en casos de desastre

Publicado: 13 diciembre 2007 0:00 CET



En 2006, hubo unos 142 millones de damnificados por los desastres en el mundo entero. Un número significativo de ellos padeció un sufrimiento desproporcionado, simplemente, porque antes, durante y después de la catástrofe, son discriminados por su familia, su comunidad, su gobierno e incluso por los propios organismos de ayuda cuya labor consiste en socorrer.

Las causas de ésta discriminación pueden ser variadas, desde el origen étnico o social, la edad, el idioma, la religión, el sexo o el género, las enfermedades físicas o las mentales o la orientación sexual, son sólo algunos ejemplos para que dicha discriminación se produzca y por lo tanto, para que pueda generarse un impacto devastador en las vidas de quienes son objeto de ella.

En la vida diaria, rara vez la discriminación pone vidas en peligro, pero en situaciones de emergencia puede darse el caso muy fácilmente, pues no sólo afecta a la capacidad de las personas para sobrevivir a la crisis, sino también la capacidad para recuperarse y recobrar sus medios de subsistencia posteriormente. En el Informe Mundial de Desastres 2007 explica lo que implica la discriminación en la práctica para las minorías, las personas de edad, las personas con discapacidad y las mujeres.

Desdichadamente, en desastres recientes hubo incontables ejemplos de que en casos de emergencia, la discriminación persiste y, a menudo, se amplifica. Basta citar el tsunami del Océano Índico, el terremoto de Asia meridional, el huracán Katrina y la crisis de Darfur, Sudán.

Después del tsunami, integrantes de otras castas prohibieron a algunos dalits –considerados “intocables” en el sistema de castas hindú– beber en los mismos tanques de agua porque, desde su punto de vista, la iban a contaminar. Otros dalits damnificados por el desastre cuentan que las autoridades locales les emplearon para limpiar desagües y sanitarios. También se les asignó la tarea de recuperar cadáveres pero no se les equipó de guantes y mascarillas de protección.

Con el fin de abordar debidamente la cuestión de la discriminación, el gobierno del Estado de Tamil Nadu, India, tomó la medida inusual de prever instalaciones y campamentos separados para los dalits damnificados y así poder evitar que fueran agredidos por integrantes de los grupos dominantes. Sin embargo, esa medida no resolvió completamente el problema de la discriminación pues se informó que algunos dalitas alojados en uno de esos campamentos descubrieron que recibían menos ayuda que los demás damnificados por el tsunami.

Al mismo tiempo, es raro encontrar a gobiernos y organismos de ayuda que tengan en cuenta las necesidades propias de las personas mayores en casos de desastre, ya se trate de necesidades nutricionales, sociales y médicas o aquellas relacionadas con la movilidad. Los fondos para apoyar a las personas mayores representan tan solo el 1% o menos de la intervención en cada país; es decir, muchísimo menos del 7% recomendado por el Proyecto Esfera que fue establecido para promover las normas mínimas que han de regir la intervención de los organismos de ayuda en casos de desastre. A esta situación se suma el hecho de que no exista un organismo especializado de la ONU y que sean muy pocas las ONG internacionales que se ocupan de las personas mayores.

Podría decirse que las mujeres son el grupo más vulnerable y discriminado en situaciones de emergencia. Desastre tras desastre ha habido pruebas irrefutables de que el desplazamiento aumenta significativamente el riesgo de que niñas y mujeres sean vejadas. La experiencia de muchas mujeres después del huracán Katrina también lo confirma.

Una encuesta realizada en 2006, inmediatamente después de huracán Katrina, reveló índices de violencia de género más altos que los comunicados por el Departamento de Justicia de Estados Unidos. Después del desplazamiento, el índice de violaciones fue de 5,9 por día y por cada 100.000 mujeres, lo que equivale a 527 violaciones en el caso de las 32.841 desplazadas, alojadas en campamentos de casas móviles. Ese índice de violaciones es 53,6 veces superior al índice estatal más alto.

Estos son sólo algunos ejemplos del Informe Mundial de Desastres de éste año y que reflejan claramente las distintas formas en que puede manifestarse la discriminación en casos de desastres. En el Informe también se examina en detalle el cómo y el porqué distintos grupos son marginados en emergencias humanitarias. ¿En qué medida, los gobiernos y las organizaciones de ayuda refuerzan la discriminación? Y, lo que es más importante, ¿qué hacer al respecto?

Las primeras medidas para abordar la discriminación en casos de desastre deberían tomarse antes de que haya alguna emergencia. En ese proceso, la reducción del riesgo y la preparación en previsión de desastres revisten la misma importancia que cualquier otro aspecto. Ha de ser prioritaria la prevención para evitar la discriminación y cambiar las actitudes de las personas. Es igualmente esencial las actividades de sensibilización y de desarrollo comunitario con el fin de dar una mayor visibilidad a las situaciones de vulnerabilidad. También es preciso redoblar esfuerzos para tener en cuenta los factores que causan la discriminación en casos de emergencia y difundir directrices precisas que estén integradas en los sistemas humanitarios.

El diálogo es fundamental para que los programas sean diseñados, supervisados y evaluados correctamente; además, los esfuerzos sistemáticos para escuchar a todos los grupos damnificados pueden contribuir a prevenir y remediar la discriminación. Conocer el contexto local y los prejuicios existentes es imprescindible. No hacerlo conlleva el riesgo de marginar aún más a los integrantes desfavorecidos de la comunidad.

En situaciones de desastre, a veces, los equipos de recuperación se ven sometidos a presiones y tienen que tomar decisiones rápidas a partir de una información que dista de ser adecuada. De ahí que, inevitablemente, pueda darse algún grado de discriminación en cada fase de la operación de recuperación. Es indispensable que los trabajadores de la ayuda humanitaria sean conscientes de que la inclusión exige no bajar la guardia durante todo el proceso.

Quizás lo más importante sea el hecho de que comprender y respetar la complejidad del contexto cultural donde trabajan los organismos de ayuda y utilizar los mecanismos y estrategias disponibles para detectar, reducir al mínimo y abordar la discriminación redundará en una gran mejora de la eficacia y la equidad de la asistencia humanitaria.

A los organismos de ayuda humanitaria les puede resultar difícil mantener el equilibrio entre trabajar con los gobiernos y combatir la discriminación cuando esta última tal vez sea inherente a la política gubernamental. Una equivocación puede comprometer incluso la operación de socorro por la cual se encuentran allí. Se trata de una posición delicada puesto que, por lo general, dichos organismos dependen de la autorización de gobierno para llevar a cabo su labor.

Cualesquiera que sean los motivos subyacentes de la discriminación, intencional o no, el mundo humanitario deben garantizar que las personas marginadas participen libre y activamente en la gestión de desastres, tanto en la planificación como en la ejecución de las intervenciones.


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