Los pastores de Djibouti: un estilo de vida amenazado

Publicado: 5 noviembre 2008 0:00 CET

Alex Wynter

Una combinación de presión demográfica y desertificación y, sobre todo la sequía, están forzando a los pastores de Djibouti a abandonar las tierras que desde siempre se utilizaron para el pastoreo, para asentarse en asentamientos empobrecidos cercanos a la ciudad capital.

Las condiciones de vida en el campo en el pequeño país del Cuerno de África situado a las puertas del Mar Rojo están acercándose a un punto en el que el propio estilo de vida pastoril –según el cual la población depende casi enteramente de sus animales– pronto podría dejar de ser viable.

Las “ventas forzosas” de ganado vacuno, bovino y caprino son cada vez más frecuentes pues la población se muda hacia la capital confiando en encontrar un trabajo eventual o ayuda humanitaria.

Estas son las conclusiones preliminares de un equipo de evaluación de la Federación  –compuesto de expertos en nutrición, agricultura, salud, socorro, agua y saneamiento y medios de subsistencia– que está visitando el Cuerno de África, donde se estima que antes de finalizar el año habrá 17 millones de personas necesitadas de ayuda de emergencia.

El equipo está ayudando a las Sociedades Nacionales de la región a planificar formas de ampliar sus actividades de socorro para paliar lo que muchos observadores siguen considerando la peor crisis del mundo.

La semana pasada, el equipo viajó de Djibouti a Etiopía, y espera proseguir Hacia Sudán y Eritrea.

“Ventas forzosas”

“Muchos de los pastores de Djibouti han pasado a ser “refugiados ambientales” de hecho en su propio país”, dijo Tarun Sarwal, miembro del equipo y delegado de la Cruz Roja Británica para el área de recuperación.

“Todos tenemos mucha experiencia y hemos visto lo peor de la peor pobreza en muchos lugares del mundo”, agregó, “pero incluso a nosotros nos cuesta imaginar cómo sobrevive esta gente.”

La Media Luna Roja de Djibouti y sus voluntarios están dispuestos a hacer algo más, dicen los miembros del equipo, sin embargo, al igual que otras Sociedades Nacionales de la región, cuentan con escasísimos recursos.

Robert Fraser, especialista en agua y saneamiento que vivió allí 20 años, afirma que la ciudad de Djibouti ahora está “completamente rodeada de “asentamientos informales” habitados por personas que han huido del interior en situación desesperada.

“Las personas que conocimos en las zonas rurales del interior literalmente se aferran a lo que se ha de considerar un modo de vida en vías de desaparición a causa de la extinción de las fuentes de agua y los pastizales.

“No obstante, si la situación diera cierto tipo de giro, estoy seguro de que regresarían a su tierra al día siguiente.”

El equipo constató que una vez que las pérdidas de ganado superan un determinado punto, la recuperación se torna completamente imposible. Un número cada vez mayor de habitantes de Djibouti ya han pasado ese umbral.

El alerta que en septiembre dieran las Naciones Unidas respecto del Cuerno de África daba cuenta de que las lluvias se habían reducido a menos al 50 por ciento de lo normal, y la gente del lugar dijo al equipo que en los dos últimos años no se había producido ninguna de las dos temporadas de lluvia anuales.

Crisis climática

Al igual que otros pobladores de todo el Cuerno de África, la población urbana establecida de Djibouti también está luchando para hacer frente a una inflación galopante del precio de los alimentos, que en la actualidad asciende a un extraordinario 350 por ciento anual.

La “tasa global de malnutrición” en niños menores de cinco años es del 17 por ciento, y llega hasta el 25 por ciento en el nordeste, según las Naciones Unidas; por su parte, las autoridades calculan que 265.000 personas, sobre todo, en las zonas urbanas, también necesitan abastecimiento de agua de emergencia.

El Cuerno de África está afectado por una inmensa diversidad de factores, entre ellos, la crisis climática, los enfrentamientos que tienen lugar en algunas zonas, la presión demográfica y la desmedida inflación de los precios de los alimentos y el combustible que han azotado a los pobres urbanos y rurales por igual.

La misión de la Federación tiene lugar entre alertas tempranas sobre la intensificación de la sequía para el resto del año.

En un reciente pronóstico estacional del Instituto Internacional de Investigación sobre la Predicción del Clima (IRI) de la Columbia University de Nueva York, que se especializa en integrar la información climática en la adopción de decisiones humanitarias se anunciaba “mayor probabilidad de un caudal de lluvias inferior al normal en la longitud de 40º este”, a través de Etiopía y bajando por el centro de Kenya.

Por su parte, y de manera análoga, el pronóstico del 2 de octubre del Organismo Nacional de Meteorología de Etiopía indicaba la posibilidad de lluvias “inferiores a las normales” en zonas del país ya afectadas por la inseguridad alimentaria, como la región cercana a Somalia, las tierras bajas de Oromia, el sureste de SNNPR y el norte de Afar.


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