La situación sigue siendo precaria en una ciudad de Haití siniestrada por las inundaciones

Publicado: 1 junio 2004 0:00 CET

Alejandra Araúz in Jimaní

A Mapou sólo se puede llegar en helicóptero. En cuanto aterrizamos, nos rodean centenares de personas confusas y angustiadas. También nos asalta el hedor de la muerte.

Este pueblo de Haití sudoriental se encuentra en un cuenco rodeado de montañas que, actualmente, está lleno de agua, pues las inundaciones transformaron el valle en un lago enorme.

Aquí y allá, despuntan techos de casas de las aguas que cubren zonas enteras. También se ve algún que otro cadáver.

Un helicóptero de la fuerza multinacional que se encuentra en Haití, nos trajo a Mapou para evaluar el grado de destrucción y las necesidades de los supervivientes. También llevamos miles de pastillas de purificación del agua, clorina, botiquines, picos, palas y bolsas para cadáveres.

En Fond Verrettes, ciudad siniestrada por las inundaciones, están a la obra varios organismos internacionales de ayuda y, la Cruz Roja Haitiana, apoyada por la Federación Internacional, ha concentrado su labor en esta zona del sudeste del país que, por el momento, ha recibido poquísima asistencia.

Según las últimas cifras, en Haití, murieron por los menos 638 personas y muchas más en la vecina República Dominicana donde la Sociedad Nacional de la Cruz Roja también ha iniciado una intervención concertada.

Las autoridades locales de la protección civil informan que en Mapou, las inundaciones dejaron un saldo de 173 muertos y centenares de desaparecidos. Muchos cadáveres fueron enterrados sin que se les pudiera identificar.

Dado que todavía hay muchas casas bajo agua, resulta difícil contabilizar el número exacto de muertos.

Probablemente, en muchas de estas viviendas modestas haya más personas muertas que no tuvieron tiempo de escapar de las inundaciones repentinas y los deslizamientos de tierra que devastaron esta comunidad rural, el domingo pasado a primeras horas de la mañana.

El nivel de las aguas ha bajado un poco, pero el peligro persiste. Algunos han vuelto a sus casas sobre las que se cierne la amenaza de otras inundaciones. Temporarios diques de escombros impiden el desbordamiento de las aguas del “lago”, situación que puede cambiar en cualquier momento si este fin de semana vuelve a llover como se ha pronosticado.

Por el momento, las principales prioridades humanitarias consisten en garantizar que la gente no permanezca en zonas expuestas a otras inundaciones y recoger los cadáveres para evitar que este desastre natural se convierta en un desastre de salud pública.

La Cruz Roja utiliza lanchas inflables con motor fuera de borda para buscar cadáveres, y posibles supervivientes, en las zonas anegadas y, sobre todo, en las casas inundadas.

En inundaciones como estas, un reto de talla es prevenir los brotes de enfermedades cuyo vector es el agua y, durante nuestra misión en Mapou, nos aseguramos que se enseñara a los habitantes cómo clorar los pozos y purificar el agua para poder beberla.

Las dificultades de acceso comprometen las actividades de socorro. Mapou no es la única zona a la que sólo se puede llegar en helicóptero y los helicópteros de Haití se utilizan al máximo para aportar asistencia a las comunidades damnificadas.

Más temprano habíamos estado en Toman, pueblo cercano a Fonde Verrettes, donde vive Gerald Joseph; su mamá murió en las inundaciones.

“El sábado tuvimos mucha lluvia. Luego, el domingo a las tres de la mañana, las inundaciones repentinas y los deslizamientos de tierra nos tomaron por sorpresa”, cuenta Gerald y explica:

“Toda nuestra comunidad está en estado de shock. Donde había plantaciones de maíz, ahora hay un lago. Lo que era un camino, ahora es el lecho de un río. Simplemente, no sabemos qué hacer.”

Camino a Toman nos cruzamos con Emmanuelle Jeuni, jovencita de 14 años, a quien la gente había ayudado a lo largo del camino. Nos explicó que, como mucho otros haitianos, había ido mercado de Jimaní, ciudad dominicana.

La casa donde se quedaba fue barrida por las aguas. Había sufrido una fea herida en un brazo y, antes de volver a Haití, recibió primeros auxilios de la Cruz Roja Dominicana.

Emmanuelle logró sobrevivir a la crecida mortal que anegó Jimaní. Muchos otros no, incluidos algunos de sus familiares, ya que entre los desaparecidos hay tres de sus hermanos más chicos.


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