La prevención ya es parte de nuestra rutina diaria

Publicado: 20 julio 2016 22:35 CET

Ricardo Guzmán y su madre Belkis han convertido los hábitos para prevenir el mosquito Aedes Aegypti que contagia el Zika en parte de su día a día. Ambos son, además, voluntarios de Cruz Roja Dominicana y contribuyen a trasladar esos hábitos a su comunidad.

Suena el despertador de Ricardo a las siete de la mañana. Se asea y se desayuna. Como cada mañana. Ricardo se levanta y con el cepillo se encarga de barrer la casa y el patio. Como cada día. También cepilla la entrada de su casa y un tramo del estrecho callejón al que da la vivienda, en el sector Cristo Rey, en Santo Domingo. La casa es pequeña, pero vive en ella con su madre, su abuela, un hermano pequeño y una hermana “de crianza”. En el mismo callejón viven también una prima y una tía de Ricardo.  “Esto no es un barrio que disque, guau, con mucha delincuencia... Hay algo de delincuencia, pero no mucha. La mayoría de los vecinos que hay por ahí se dedican a la herrería y a la construcción. Algunos trabajan en almacenes, colmados, etcétera.  “Mis vecinos son muy buena gente. Siempre trabajadores, les encanta ayudar. Si una persona está enferma es la primera que está ahí”, explica el joven. 

Mientras recoge la casa, Ricardo comprueba que uno de los bidones donde almacenan el agua está bien tapado. El agua la traen los lunes, los miércoles y los viernes. Siempre igual. Antes de rellenar los bidones, Ricardo limpia a fondo cada uno de ellos con su cepillo. Y así cada tres días. “A mí me toca los tanques, la cubeta... lo más pesado”, afirma. En el fondo de uno de los tanques hay una especie de bolsita. Es el abate, el larvicida, para acabar con los “gusarapos”, como llaman popularmente en República Dominicana a las larvas de mosquito, que crecen en aguas estancadas y en el agua limpia. “Hay que cambiarlo cada tres semanas”, explica.

Recoge una botella que hay en el patio y limpia los platos del día anterior, que quedaron en la cocina. Además de jabón, aplica un poco de cloro y enjuaga bien cada vasija, cada vaso y cada olla. Lo hace cada día. Más adelante irá al liceo nocturno de Nuestra Señora de Altagracia, como cada tarde. En unos meses Ricardo cumple 19 años y el próximo curso irá a la universidad. Quiere ser médico, “ayudar a las personas, curarlas si tienen alguna enfermedad, heridas... Todo eso me llama mucho la atención. Me gusta trabajar con las personas más necesitadas”, afirma Ricardo.

Este espíritu de entrega a los demás le llevó hace cuatro años a inscribirse como voluntario de Cruz Roja Dominicana, en cuya filial de Santo Domingo pasa prácticamente todo el día. Y su ejemplo lo contagió a toda su familia: su hermano mayor (que ahora vive en USA), su madre y una prima también son voluntarias de la Institución. “Como se mudó a la filial –bromea Belkis, su madre-, iba allí a verlo. Y me gustó tanto, que ahí estoy”.

Los tres -madre, hijo y la prima de Ricardo-  participan en las acciones que Cruz Roja Dominicana lleva a cabo para combatir el brote de Zika que azota a toda la región de las Américas. También en República Dominicana. De hecho, la propia Belkis se puso enferma hace dos semanas, y sabe muy bien lo que se sufre: “Viene siendo un poco más leve que la chikungunya.  Quizá por eso las personas han tomado el Zika con más relax. Pero maltrata, maltrata bastante. Fue muy doloroso. Y además, uno no tiene control de sí mismo, por los mareos. Uno no puede manejarse, tiene que tener ayuda de los demás. Sientes dolor en las manos y los pies y casi no puedes caminar. Es muy doloroso. Y sientes muchas molestias en los ojos. La experiencia no es muy buena”, dice Belkis. Pero sonríe: “Ya estoy recuperada y lista para seguir ayudando a los demás”. La propia Belkis tomó medidas en cuanto sintió los síntomas: “Me puse debajo de un mosquitero, para que no me picaran mosquitos que pudieran transmitirlo a los demás. Hay que tratar de que no le dé a más personas. Eso es lo que intentamos hacer en el barrio y en la comunidad”. Ella participan en las charlas que Cruz Roja Dominicana imparte en las escuelas, para trasladar a los más pequeños los consejos de prevención contra el crecimiento del mosquito Aedes. Ricardo, además, hace llegar esos mismos consejos a sus vecinos, y les ayuda, si es necesario, a eliminar posibles criaderos de zancudos: “Estamos concienciando a las personas de lo que tienen que hacer. Yo como voluntario, voy a las casas y les explico qué tienen que hacer contra el Zika. También me encargo de fumigar”. Una vez a la semana, se enfunda en el mono amarillo y recorre las callejuelas para rociar el insecticida en las callejuelas, plagadas muchas de ellas de lugares con agua estancada.  

Cuando se quitan el chaleco de Cruz Roja Dominicana, Ricardo y su madre siguen actuando frente al Zika, en el día a día, en las conversaciones con sus vecinos: “Donde quiera que se encuentre, en las calles, en los carros, en las “guaguas” (autobuses), se escucha hablar del Zika. Ha ido de boca en boca”, explica Belkin. “En el colegio se habla mucho del tema del zika... Entre los compañeros siempre estamos hablando del zika, de lo que hay que hacer y de lo que no...”, cuenta por su parte Ricardo.

Y, por supuesto, también actúan en el interior de su casa: “Desde el más chiquito hasta el más grande, en casa combatimos el Zika. A mi hermano pequeño le toca botar la basura y yo me encargo de comprobar que los tanques están cubiertos, de limpiarlos y de botar el agua estancada”. Cada día. Al igual que se barre, se limpia, se cocina, se hace la tarea del liceo o se asean al despertarse.  “Ya eso es natural para nosotros. Eso le queda a uno en la mente y es parte de la vida –confirma Belkin- la prevención ya es parte de la vida rutinaria de nosotros".


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