En el Norte siempre hay trabajo

Publicado: 19 diciembre 2016 18:12 CET

Juan conversa animadamente con sus 4 amigos. A pesar de que son las 7 de la mañana y la lluvia ha enfriado el clima, todos están con mucha energía y entusiasmo, hacen planes para el viaje que emprenderán para llegar a ese lugar donde creen que todo es posible, “el Norte” o “los States”. Dado su estado de ánimo, nadie diría que esta es la tercera vez que son retornados de territorio mexicano a Honduras.

 

Juan y sus 4 amigos forman parte de las 1.200 personas a la semana que son atendidas en el Centro de atención de personas migrantes en Omoa, ubicado en el departamento de Cortés en Honduras, muy cerca de la frontera con Guatemala. En este Centro desarrollan un trabajo conjunto la Secretaría de Relaciones Exteriores de Honduras, el Comité Internacional de la Cruz Roja y la Cruz Roja Hondureña.

 

“Aquí no me quedo”, dice Juan mientras se termina un jugo de naranja que le ha entregado una voluntaria de Cruz Roja Hondureña. “En Honduras no hay trabajo, en cambio en el Norte siempre se consigue. Yo tengo varios primos que ya tienen años de estar allá y viven bien, hasta carro tienen”. Juan no quiere hablar de lo que han sido estos 3 intentos de llegar a territorio estadounidense, cuando uno le pregunta, él sólo atina a decir “esto es muy duro pero vale la pena”, y baja la vista como quien no quiere recordar.

 

Juan y sus amigos ya han pasado por la revisión médica que brinda el Centro de Atención, también han realizado llamadas telefónicas a familiares y amigos a través del programa de restablecimiento de contactos familiares y ahora terminan de desayunar tranquilamente en los amplios espacios con los que cuenta el Centro. Uno de los amigos de Juan me dice, “yo si te cuento lo duro que es ese viaje, pero no te digo mi nombre. Para empezar todo el mundo te maltrata, te trata como si eres un bicho raro porque decidiste irte de tu país. Nadie te quiere ayudar, ni siquiera darte indicaciones de dónde ir si quieres comprar una medicina. Y además están los ladrones. Hay que cuidarse mucho porque a uno lo identifican y lo siguen porque uno lleva sus pocos ahorros y se los quieren quitar. Yo por eso estoy tan tranquilo ahora porque ya me robaron todo yo ahora este viaje lo hago sin nada, en el camino veré como me arreglo”, dice mientras termina el café que se ha servido.

 

Un punto de encuentro

Para, José Juan Castro, Presidente de Cruz Roja Hondureña, “el tema de los migrantes requiere de un enfoque regional que permita a las Sociedades Nacionales de la Cruz Roja compartir experiencias y aprendizajes, apoyarse y además coordinar acciones y compartir información”. Señala que gracias al trabajo realizado y a la implementación de lecciones aprendidas hoy Cruz Roja Hondureña es un referente en materia de migrantes, y por eso el gobierno de Honduras les ha asignado la coordinación del Centro en Omoa.

 

Este Centro, cuenta con instalaciones médicas para revisión general y primeros auxilios, un espacio de registro donde se localizan las autoridades de migración, comedor / cocina, alojamiento temporal para hombres, mujeres y población LGBT, un lugar para hacer las llamadas telefónicas y el espacio donde son distribuidos los kit de higiene. Son instalaciones muy bien acondicionadas y que tienen un pasado interesante, “son bienes expropiados por el Estado Hondureño a un reconocido traficante local de sustancias prohibidas, estas instalaciones ahora están al servicio de una causa humanitaria”, comenta José Juan Castro, sonriendo por lo anecdótico de este hecho.

 

El Centro de Omoa fue inaugurado en el mes de febrero de 2016, y vino a sustituir el Centro que había en Corintios y que funcionaba desde julio 2012. En el Centro de Corintios fueron atendidos de Julio 2012 a mayo 2015, un total de 59.232 migrantes de los cuales 8.042 eran menores no acompañados.

 

“En este Centro de Omoa no recibimos a menores”, señala Mauricio Paredes, Presidente del Consejo Municipal Puerto Cortés de Cruz Roja Hondureña, “ellos son llevados a otro Centro que está acondicionado para atender menores solos o con acompañantes. De esta manera podemos prestar una atención adecuada a cada tipo de población”. Y es que la Cruz Roja Hondureña ha puesto especial empeño en que su programa de atención a migrantes retornados cubra todos los aspectos necesarios para atender las necesidades de esta población que es variada y cambiante.

 

En este sentido, han reforzado las capacidades de sus voluntarios, no sólo en materia de primeros auxilios sino también en apoyo psicosocial. Comenta Hayra Carcamo, voluntaria de Cruz Roja Hondureña, “como voluntarios nos hemos capacitado en Apoyo Psicosocial, no sólo para que tener herramientas para ayudar a estas personas que muchas veces han pasado por situaciones muy traumáticas, sino también para que nosotros como voluntarios, estemos bien emocionalmente para poder atender de la mejor manera a los migrantes”.

 

“Mi experiencia en el Centro de atención de personas migrantes ha sido muy grande, porque antes no había ninguna organización, o un cuerpo de socorro que brindara una atención a esas personas que viene afectadas tanto físicamente como emocionalmente, y poderles brindar un apoyo eso es lo más grande que he podido hacer aquí. Es una emoción grande, me siento muy feliz de poder ayudar a las personas que vienen aquí, aunque es algo triste no poderles ayudar al 100, pero con lo poco que les damos sabemos que estamos haciendo algo” cuenta emocionado, Oscar Madrid, otro voluntario de Cruz Roja Hondureña.

 

En el Centro hay mucho movimiento, ha llegado otro autobús cargado de migrantes retornados que fueron retenidos en México y regresados vía terrestre a sus países de origen. De este autobús bajan con miradas cansadas y esperanzas rotas, pero pocos de ellos y ellas se quedaran en Honduras. Cada uno lleva una historia a cuestas, “tengo que conseguir dinero para pagar una operación muy complicada que necesita mi hija”, dice José. “Yo ya no puedo más con el miedo y la violencia, yo quiero tener vida y aquí con tantas bandas armadas no se puede”, comenta Clara. Algunos emprenderán nuevamente el recorrido el mismo día. “Yo veo este Centro como un lugar bueno porque así uno puede avisarle a su familia que está bien, pero no puedo regresar a mi casa aquí en Honduras aunque aquí me han dado buenos consejos. Yo necesito trabajo y no consigo, así que me vuelvo a ir”, me dice Juan mientras se despide y camina hacia el portón de salida del Centro.


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