Cruz Roja Jamaicana: pionera de programas sobre VIH/SIDA en el Caribe

Publicado: 23 noviembre 2009 0:00 CET

Gennike Mayers, IFRC

En 1982, cuando se diagnosticó el primer caso de VIH/SIDA en Jamaica, el Ministerio de Salud invitó a la Cruz Roja Jamaiquina (CRJ) a participar en lo que sería el Comité Nacional de SIDA. Miembro fundador de dicho comité, la CRJ prestó asistencia al creciente número de personas a quienes se les diagnosticaba el VIH/SIDA y colaboró en la definición de estrategias eficaces para combatir la pandemia.

En aquellos primeros días, el estigma y la discriminación abundaban y los conocimientos sobre el síndrome escaseaban. En ese contexto, la CRJ creó el concepto innovador de “Lugar seguro”.

“Quienes vivían con el VIH no estaban dispuestos a revelar su estado, entonces, hacía falta un lugar donde se sintieran cómodos y al amparo de la constante referencia al VIH y las presiones para que lo hicieran saber”, explica Loas He, Directora General Adjunta, Directora Principal de la Juventud y de los programas de VIH/ETS de la CRJ.

El lugar se considera seguro porque la gente acude a la Cruz Roja por un sinfín de motivos. De ahí que sea improbable que alguien sepa a qué va cada cual.

Primera línea de ayuda

A principios de la década de 1990, la CRJ participó en la primerísima línea de ayuda sobre VIH ofreciendo voluntarios para que respondieran a las llamadas de los necesitados. También trabajó en estrecha colaboración con la Universidad de las Antillas que abrió un centro familiar, financiado por la Dra. Patricia Burle, para personas a quienes se les acababa de diagnosticar el VIH y cuyos hijos podían haber nacido con el virus.

Posteriormente, la CRJ volvió a abrir caminos con el programa de atención domiciliaria que permite a quienes viven con el VIH recibir tratamiento en su hogar. La Sociedad Nacional también consiguió ayudar a familias proporcionándoles fondos para que iniciaran algún negocio en su casa y paquetes de alimentos a aquellas necesitadas.

Marvin Gunther, Director del Programa Nacional de VIH de la CRJ, señala: “Los medicamentos son gratuitos, pero mucha gente no puede siquiera costearse la alimentación básica y necesita comer para poder tomarlos.” Hasta la fecha, casi 200 personas han beneficiado del programa de atención domiciliaria.

La CRJ también lleva a cabo un programa de lucha contra el estigma y la discriminación, en cuyo marco, personas que viven con el VIH se reúnen con vecinos de las comunidades y comparten su experiencia personal. Dichas personas informan, instruyen y bregan por el cambio de actitud de sus interlocutores.

Además, la Sociedad Nacional cuenta con un Programa de asesoría y examen voluntario de detección del VIH y fue la primera institución de Jamaica que ofreció la prueba rápida ORAQUICK en la cual se usan muestras de saliva en lugar de muestras de sangre. Esas pruebas están a cargo de voluntarios de la CRJ, de edades comprendidas entre 25 y 40 años, a quienes se impartió formación para que vayan a las comunidades y alienten a los vecinos a hacérselas.

“Juntos podemos”

Un ejemplo extraordinario de la labor pionera de la CRJ fue el programa “Juntos podemos” que comenzó como un proyecto de investigación sobre la eficacia de la educación interpares para prevenir la infección por VIH entre la juventud jamaiquina. A partir de los resultados preliminares de esa investigación, un segundo proyecto se centró en la elaboración de un programa y materiales de prevención del VIH y otras ETS para toda la isla.

Poco después, ese programa de educación interpares cultivado en Jamaica trascendió sus propias fronteras.

Según el Sr. Gunter, “Este programa fue elegido por la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja (FICR) y se utiliza en todos los territorios caribeños, incluidos Haití y la República Dominicana. También se utiliza en América Latina; se tradujo en cinco idiomas y fue ampliamente difundido hasta en países tan lejanos como Tanzania.”

En el transcurso del programa “Juntos podemos”, que comenzó en 1993 y terminó en 2008, la CRJ capacitó a 561 facilitadores adultos que, a su vez, instruyeron a 6.800 educadores interpares que llegaron a 59.473 personas.


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