Pain remains for Venezuela's displaced flood victims

Publicado: 16 diciembre 2002 0:00 CET

Paola Chorna in Lara and Caracas

Las inundaciones y deslaves de tierras que asolaron Venezuela hace tres años han marcado un hito en el oscuro catálogo de catástrofes naturales que han azotado América Latina a lo largo de la historia.

Se estima que, el 16 de diciembre de 1999, alrededor de 30.000 personas perdieron la vida como consecuencia de las tremendas lluvias. Durante los días 15 y 16 de diciembre, cayeron alrededor de 800 mm de agua, causando devastadores deslizamientos de tierra en las montañas que rodean la capital venezolana y sus alrededores.

Medio millón de personas se vieron afectadas por el desastre. Más de 80.000 viviendas fueron dañadas y alrededor de 26.000 sufrieron daños irreversibles. Muchos residentes tuvieron que abandonar el lugar y fueron ubicados en otros estados del país.

"No estábamos preparados para lo que sucedió" sostiene May Badillo, socorrista de la Cruz Roja Venezolana, que se encontraba en Vargas realizando una evaluación cuando sucedió el desastre. "La tierra no paraba de caer, inmediatamente nos quedamos totalmente aislados", agrega.

"Nos sentimos impotentes, no podíamos hacer nada para brindarle ayuda a esa gente" afirma Carlos Sánchez, jefe de la Unidad de Socorros la filial de Caracas de la Cruz Roja Venezolana. "Cuando nos recogió un helicóptero dos días después, el escenario era desolador. La ciudad de Vargas, que tan bien conocíamos, prácticamente ya no existía. Nunca imaginé una tragedia de semejante envergadura y dimensión en Venezuela".

El gobierno trasladó a más de 50.000 familias al estado de Lara, una zona más segura. Pero, el desarraigo que produce el traslado de una zona costera a un estado agrícola llevó aparejado un choque cultural muy para muchas de estas familias.

Tres años han transcurrido, y la Cruz Roja Venezolana ha facilitado la adaptación al nuevo estilo de vida a través de sus programas de apoyo psicológico. Para favorecer la integración, la Cruz Roja Venezolana también ha organizado diversas jornadas de enseñanza de nuevos oficios y ha financiado a pequeños emprendedores para que pudieran empezar un nuevo negocio que les genere sus propios ingresos.

José Rojas es de Vargas y conduce su propio camión. La Cruz Roja Venezolana le otorgó un crédito para que pudiera adquirir dicho vehículo y comenzar su negocio. A cambio del préstamo brindado, cada día José traslada y recoge a los niños del colegio, niños que de otra manera no tenían los medios para llegar a la escuela y poder asistir a clases.

Aunque José tiene trabajo y conduce su camioneta, el resto de su familia ha encontrado bastantes dificultades a la hora de aclimatarse. Su esposa dice que quiere regresar a Vargas en un futuro cercano y que sus niños no se adaptan al nuevo ambiente.

Marisol Rodríguez, es peluquera y disfruta de su nueva vida en Lara A pesar del desarraigo y del desplazamiento a otra región, ha podido seguir ejerciendo su oficio. Posee muchos clientes en Lara y asegura no querer volver nunca más a vivir a Vargas. "Mi vida no hubiera sido la misma sin el apoyo de la Cruz Roja", afirma Marisol. La Cruz Roja Venezolana le brindó asistencia psicológica y le ayudó a establecer su nuevo negocio en Lara.

Pero, su marido Carlos explica que cuando llegaron a Lara la vida se les hizo muy dura por la discriminación de alguna gente. "Estamos agradecidos, no perdimos la vida y eso esmás importante", afirma.

"No regresaremos a Vargas. Todavía además el dolor es muy grande y el recuerdo es muy triste, nos cuesta mucho olvidar lo que hemos vivido" agrega Carlos.

Han pasado ya tres años, y para muchas personas no es sólo un mal recuerdo que forma parte del pasado, sino que es también parte de un duro presente.


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