La historia de Aja: una modista de la vida

Publicado: 12 enero 2009 0:00 CET

Megan Rowling, British Red Cross in Indonesia This is the fifth in a series of nine profiles/case studies, looking at how Red Cross Red Crescent has helped people to rebuild their own lives after the tsunami in Indonesia.

Aja Muhibbah es la presidente del grupo de mujeres modistas del pueblo de Pasi Janeng, y se esfuerza febrilmente para coordinar el trabajo de los diez miembros del grupo.

Estas mujeres recibieron una subvención de 17 millones de rupias (alrededor de 1.911 francos suizos) de la Cruz Roja británica, para poder comprar máquinas de coser y un generador.

Durante la última fase del programa de recuperación del tsunami, de finales de 2007 a mediados de 2008, la Cruz Roja británica proporcionó subvenciones en metálico a aproximadamente 161 asociaciones de la provincia de Aceh para sostener el programa de recuperación de medios de subsistencia en cuatro sectores - servicios, agricultura, pesca y ganadería.

Aprender

Para estas mujeres sastres de Pasi Janeng, estudiar técnicas de financiación y de contabilidad fue algo difícil. “En términos de comercio, no soy muy brillante,” nos dice Aja, de 36 años. “Ahora obtenemos más fácilmente pedidos, e intentamos aumentar nuestro ritmo de producción. Pero es difícil cuando hay tanta competencia.”

Las mujeres se reúnen tres veces por semana en su luminoso y espacioso taller situado en la escuela local. Ésta fue reconstruida tras el tsunami del 26 de diciembre de 2004, que también destruyó varios edificios en este pintoresco pueblo costero de la isla de Pulo Nasi, situada al norte de la provincia indonesia de Aceh.

El grupo ya posee siete máquinas de coser, tanto manuales como automáticas. La mayor parte de su trabajo procede de los pedidos realizados por los miembros de su propia comunidad. Hasta ahora, el mayor pedido fue para confeccionar las cortinas de la nueva escuela del pueblo, pero también han producido gran cantidad de prendas de vestir y fundas de almohadas.

Contabilidad

Las mujeres registran cuidadosamente todas sus transacciones en un registro muy bien entretenido, y cada una de entre ellas tiene su propia cuenta bancaria.

Por el momento solamente la mitad del grupo es bastante competente para efectuar todos los distintos métodos de costura. Por ejemplo la más joven mujer del grupo, Marwiyah, de 22 años, sólo comenzó a aprender la costura poco antes del tsunami. “Algunas veces es un poco difícil coordinar un grupo de personas tan grande. Pero nunca nos compadecemos, mismo si algunos miembros no son tan buenos como los otros,” nos dice Aja.

Antes de recibir la subvención para el grupo, algunas mujeres ya ganaban algo de dinero cosiendo individualmente. Ahora pueden apreciar el lado positivo del trabajo colectivo. “De esta forma, obtenemos resultados más rápidamente y sobre todo más eficazmente. Además podemos estudiar los nuevos métodos entre nosotras,” nos explica Aja.


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