Albania: La Cruz Roja presta ayuda inmediata a las víctimas de explosiones devastadoras

Publicado: 20 marzo 2008 0:00 CET



El 15 de marzo, una serie de explosiones masivas en un arsenal de Gerdec, a 16 kilómetros de Tirana, la capital albanesa, devastó tres pueblos vecinos. Las explosiones prosiguieron hasta el día siguiente y también causaron daños en otras tres comunidades. El país recibió una fuerte impresión cuando la televisión emitió imágenes tomadas por aficionados en que se veían volar por los aires fragmentos de vidrios y granadas que herían a la gente. Tres días después del desastre, las autoridades estatales informaron que había habido 17 muertos, casi 300 heridos y 10 desaparecidos. Miles de personas huyeron de los barrios destruidos.

La Cruz  Roja Albanesa movilizó inmediatamente equipos de voluntarios de sus filiales de Tirana y Durres para que atendieran a los heridos y sus familias.

“Llevo 14 años trabajando en gestión de desastres y tengo mucha experiencia pero no hubiera podido siquiera imaginarme un desastre de características tan inusuales y tanta potencia en tiempos de paz y en un lugar tan cercano a casas de familia”, comenta Fatos Xhengo, experto en gestión de desastres de la Cruz  Roja Albanesa, y añade:  “Nos estremeció a todos. No podíamos prevenir un riesgo semejante.”

Más de 315 edificios de la zona, casas incluidas, fueron totalmente destruidos y casi 1.700 sufrieron daños. En seis escuelas harán falta importantes obras de renovación. Más de 3.500 personas que se vieron obligadas a partir de los sitios peligrosos están alojadas en casas de parientes y amigos. Unas 367, principalmente niños y mujeres, encontraron refugio en centros colectivos de Tirana y Durres.

Las explosiones duraron tres días seguidos por lo cual a los integrantes de la comisión estatal y los trabajadores del quehacer humanitario les fue imposible acercarse al epicentro. “La seguridad en torno al lugar del desastre no nos permitía acercarnos más a los pueblos afectados pero no podíamos quedarnos sentados y esperar”, señala Fatos Xhengo.

Toda la Cruz  Roja Albanesa estuvo en alerta desde el momento mismo en que sobrevino el desastre y comenzó a suplir de inmediato las necesidades urgentes de las víctimas. En la sede central,  un comité de emergencia coordinó la intervención con el gobierno; los voluntarios distribuyeron alimentos, agua y suministros de emergencia (mantas, artículos de higiene, láminas de plástico y utensilios de cocina) procedentes de las existencias de la Sociedad Nacional y las filiales organizaron colectas de sangre y campañas de recaudación de fondos. Además, en estrecha colaboración con los hospitales locales, se difundió información sobre la búsqueda de familiares desaparecidos y la donación voluntaria de sangre. Respondiendo al llamamiento de la Cruz Roja, la comunidad recolectó ropa.

La Cruz  Roja Albanesa, que forma parte del plan nacional de emergencia, pudo movilizar rápidamente sus propios recursos y  prestar asistencia inmediata a hospitales y centros colectivos de alojamiento temporal, así como participar en la evaluación por ser miembro de los equipos de emergencia del Estado.

Fatos recuerda la gratitud de la gente cuando los voluntarios de la Cruz Roja llegaron a la zona afectada para evaluar las necesidades. “Son los primeros que vienen a preguntarnos qué necesitamos y no simplemente qué pasó. En lugar de ser curiosos, ustedes se preocupan por nosotros”, comentó una mujer en el punto de distribución de las raciones de alimentos. “Esas palabras me hicieron sentir orgulloso de la labor que podemos hacer para las personas en crisis”, afirma.

La Cruz  Roja Albanesa no estuvo sola pues las Sociedades Nacionales de Alemania, Austria, Bulgaria, Macedonia y Montenegro apoyaron sus esfuerzos y le ofrecieron ayuda. La Cruz Roja Alemana envió medicamentos, sangre y otros artículos de vital importancia para los hospitales y las familias afectadas.

El último informe de evaluación deja claro que hará falta asistencia a más largo plazo para ayudar a la gente a recuperarse y comenzar a reconstruir su vida sin tener que esperar decisiones gubernamentales sobre el reembolso de los costos de construcción o reconstrucción de las casas destruidas.

La Cruz Roja Albanesa tiene previsto ayudar durante tres meses a los habitantes de los pueblos más afectados proporcionándoles raciones de alimentos, mantas, artículos de higiene y ropa de cama, y prestándoles apoyo psicológico. Recibirán esta asistencia de la Cruz Roja, unas 850 familias que perdieron ya sea a alguno de los suyos, su casa o ambos y que, actualmente, viven en casa de familiares o en centros colectivos.

La Federación transfirió casi 250.000 francos suizos de su Fondo de Reserva para el Socorro en Casos de Desastre a fin de apoyar la operación de la Cruz  Roja Albanesa destinada a suplir las necesidades de las personas más gravemente afectadas por el desastre tanto desde el punto de vista material como psicológico.

“El desastre tendrá un impacto en la vida de la gente y no sólo en las zonas cercanas al epicentro de la explosión. Una vez superada la conmoción inicial, seguiremos preguntándonos qué otros dispositivos de destrucción amenazan nuestra vida. Los expertos dicen que incluso después del desminado, nadie podrá garantizar una total seguridad”, concluye Fatos Xhengo.


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