Moldova: La Cruz Roja pide apoyo continuado para ayudar a la población empobrecida amenazada de malnutrición

Publicado: 5 junio 2008 0:00 CET



La Cruz Roja de Moldova acaba de terminar la distribución de cajas de alimentos destinadas a unas 7.500 personas de las familias más empobrecidas de asentamientos rurales aislados de Moldova. Según la Cruz Roja,  durante la operación se revelaron otros problemas que requieren una respuesta urgente a más largo plazo para poder superar la pobreza y fortalecer las capacidades de los más vulnerables en este país empobrecido de Europa. Para estas familias es crucial una ayuda continuada para solucionar las causas fundamentales que provocan  esta situación.

“Quiero ser piloto”, dice Vadim Moldovan, de 17 años, en tono serio y contundente. Sin embargo, se trata de planes para el futuro. Por el momento, y desde  hace un año que terminó sus estudios, cada mañana se levanta a las seis y acompaña a su padre al pequeño taller de reparaciones de donde proviene el dinero para mantener a esta familia de seis miembros. Apenas si logran llegar a fin de mes, y, habida cuenta de que las reservas de alimentos para el invierno han sido consumidas antes de la primavera, la caja de alimentos de la Cruz Roja de Moldova les ayudará a atravesar los meses más difíciles que median hasta la nueva cosecha. Los 30 kilos de azúcar, harina, aceite, carne enlatada y demás productos permitirán variar la magra dieta habitual a base de patatas y cebollas.

Esta familia de Moldova vive en Sarata Noua, una pequeña aldea ubicada a 180 km de Chisinau, capital de Moldova, el Estado más pobre de Europa. Las tres sequías consecutivas de los últimos años diezmaron la producción de alimentos y agravaron aún más la pobreza de la población de esta nación agrícola, una población ya afectada por la pobreza endémica resultante de las crisis política y económica de la última década. La sequía de 2007 fue la peor de la historia reciente del país. Afectó al 80 por ciento del territorio y provocó una merma drástica de las cosechas. La agricultura y el comercio agrícola representan un 70 por ciento del producto interior bruto de Moldova.

Entre los dos, Valery Moldovan, de 42 años de edad, y su hijo mayor, Vadim, ganan alrededor de 100 euros por semana, suma que apenas alcanza para alimentar a la familia y pagar los servicios básicos. Valery sabe que no conseguirá los 1.000 euros que necesita para pagar la parte que le corresponde para tener acceso a la red de suministro de gas que se está construyendo en su aldea. Por lo tanto, la familia no podrá tener gas para contrarrestar el frío y cocinar, y el padre no sabe cómo resolver este problema. “Ya no busco más métodos para ganar más dinero”, afirma. “En nuestra aldea no hay trabajo”. Trató de encontrar trabajo en Rusia pero tras 18 meses en Moscú se dio cuenta de que gastaba más en mantener unas condiciones de vida deficientes de lo que lograba ganar, así que volvió a su tierra.

Las autoridades pronostican otra sequía grave para 2008, así pues, en abril y mayo la Cruz Roja de Moldova (MRC), con el apoyo de la Federación Internacional, comenzó a distribuir cajas de alimentos entre 7.500 personas de familias con muchos hijos, familias monoparentales y familias con personas discapacitadas de aldeas aisladas. Estos grupos corrían el riesgo de malnutrición a causa de la escasez grave de alimentos y a la matanza del ganado para obtener dinero en efectivo (en algunas regiones, se perdió hasta el 70 por ciento del ganado). La operación fue concebida para atender a las necesidades alimentarias mínimas de las familias necesitadas hasta el momento de la cosecha.

“Para la población más pobre y marginada de Moldova la vida era ya sumamente dura, incluso antes de esta sequía que la ha empujado al borde mismo de la pobreza extrema”, explica Joe Lowry, representante de la Federación en Belarús, Moldova y Ucrania. “Puesto que muchas personas en edad activa –madres y padres– se han ido del país, son los abuelos quienes han asumido la responsabilidad del cuidado de los hijos, o los propios hijos se las arreglan solos.  En el año 2008 y teniendo al lado a la  Unión Europea, la situación es alarmante. Sin embargo, la mera benevolencia no basta. La Cruz Roja de Moldova necesita apoyo para ayudar a la población local a superar la pobreza, y, para lograrlo estamos buscando soluciones novedosas y sostenibles, como la cría de ganado, la cría de aves de corral, la apicultura y los microcréditos."

Vera Khohlova, de 34 años y madre de cinco niños, vive en Bendery, una ciudad ubicada a 40 km de Chishnau. “La caja de alimentos de la Cruz Roja fue para nosotros como un don de Dios por la Pascua; poder añadir en la mesa otros alimentos además de las patatas de costumbre fue una verdadera celebración”, cuenta. “En el mercado local venden alimentos pero no quiero ir. ¿Para qué si no tengo dinero para comprar nada…? Trabaja de chófer de bus y gana 700 lei (euro45/USD70) mensuales, 400 de los cuales destina al pago de servicios. 

“La situación fue muy muy difícil después de la sequía del año pasado”, continúa. “En octubre pasado, tenía seis contenedores cerrados de tres litros de frutas en compota y dos de tomates en vinagre preparado en 2006, pero en otoño de 2007 no pude preparar más. Incluso los frijoles, que por lo general aguantan las sequías, se secaron demasiado temprano. ¿Cómo sobrevivimos al invierno? Teníamos patatas y a veces iba a comprar alimentos baratos de baja calidad. También suelo comprar el espadín más barato en el mercado, hiervo zanahorias y los mezclo con espaguetis. No es muy rico pero sabe a carne. No tener nada despierta la creatividad, ¿sabe?”

Desde enero de 2008, los precios de los alimentos básicos como la carne, el arroz y el aceite vegetal aumentaron un 150 por ciento. También subió el precio de la electricidad y el gas. El incremento del 17 por ciento en las jubilaciones no compensa la tasa de inflación, así que los ingresos de la población han mermado. Pese a que la cosecha de tomates, rabanitos y repollo ya está disponible en el mercado, las personas vulnerables no pueden darse el lujo de pagar lo que cuestan.

“La sequía ocasionó muchos problemas y perjudicó sobre todo a los más vulnerables”, dice Alexandra Lobanova, teniente de alcalde de Bendery. “Este año, además de las cajas de alimentos de la Cruz Roja, recibimos forraje para el ganado a través del programa de las Naciones Unidas de recuperación tras la sequía. La administración local también procura ayudar a las personas necesitadas, pero esta ayuda no supera la cifra de entre 10 y 30 dólares por persona al año. A menudo, la desazón y las emociones son extremas, y es difícil distribuir la ayuda de forma pareja.”

Nadezhda Ivanovna, de 79 años de edad, vive en Bendery. Trabajó durante años en una fábrica textil local y padece asma. “Los medicamentos son muy caros”, señala. “No soy muy exigente con la comida. ¿Carne…?”, sacude la mano y sonríe. “No la necesito. Mucho peor es no poder pagar los medicamentos que me permiten respirar. Trato de vivir de forma razonable dentro del límite de mis ingresos (su jubilación equivale a euro15 o USD23) y sin hacer gastos superfluos. Esta caja de alimentos es un verdadero premio para mí, ¡invalorable!”, exclama extrayendo dos latas de carne en conserva  de la caja que ha dejado un trabajador de la Cruz Roja.  

En marzo de 2008, después del llamamiento en favor de la Cruz Roja de Moldova y las recomendaciones del equipo de evaluación de que se interviniera inmediatamente, la Federación Internacional liberó 250.000 francos suizos (155.000euro/USD 231.000) de su Fondo de Reserva para el Socorro en Casos de Desastre (DREF). La misión de supervisión de la Cruz Roja evaluó otras necesidades de la población vulnerable de las zonas rurales y ciudades específicas. Los resultados de la evaluación se utilizarán para definir una estrategia para que en el futuro se aborden las causas fundamentales de la vulnerabilidad de la población mediante programas de desarrollo.

“Se detectó que entre las necesidades más acuciantes de la población rural del país figuran los alimentos, el forraje, la ropa de niño, el grano, el dinero para pagar el alquiler y los servicios, la maquinaria agrícola y los fertilizantes”, dice Edmon Azaryan, jefe de la misión de supervisión de la Federación en Moldova. “El Gobierno y otras organizaciones tratan de seguir prestando apoyo, sin embargo, esa ayuda no está destinada al grupo beneficiario elegido por la Cruz Roja – las personas que quedan entre las distintas “redes de seguridad”, dice.  


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