Capítulo 1 - Vínculos entre cultura y riesgo

Cuando el huracán Katrina asoló los Estados Unidos de América en 2005, algunos dirigentes políticos y damnificados lo consideraron un castigo divino por la pecaminosa Nueva Orleans. Ciertos ciudadanos japoneses atribuyeron a los dioses el terremoto y el tsunami ocurridos en 2011. En África occidental, donde el volcán del monte Camerún entra en erupción con cierta regularidad, un jefe comunitario explicaba que "cuando el dios de la montaña enfurece, provoca erupciones", lo que refleja la opinión de numerosas personas. En todo el mundo, la reacción ante los riesgos se funda en parte en la cultura.

En la presente edición del Informe mundial sobre desastres, los autores se interrogan sobre los motivos que explican los comportamientos de las personas frente al peligro y sobre el caso omiso que se hace de la "cultura del riesgo" en las actividades de preparación para desastres que emprenden las diversas organizaciones.

Asimismo, se aborda el cambio climático, puesto que resulta imposible disociar la reducción del riesgo de desastres de la necesidad de adaptación a ese fenómeno. La integración de la reducción del riesgo de desastres en las actividades de adaptación al cambio climático y la consideración de la cultura en relación con ambos factores resultan fundamentales.

La interacción entre la cultura y las amenazas está ligada a numerosos aspectos del comportamiento, incluidos la religión (capítulo 2), los medios de vida y la percepción del riesgo (capítulo 3), la interacción con los demás miembros de la comunidad y la importancia de las relaciones de poder (capítulo 4), el lugar de residencia y, los efectos de la cultura en la edificación de inmuebles (capítulo 5) y la salud (capítulo 6). Se hace hincapié en la preparación preventiva y no en la intervención a raíz de desastres.

En lo que respecta al riesgo, reviste particular importancia la "activación" de la cultura como factor que influye en el comportamiento de la población y en la interacción entre los miembros de la comunidad y las personas ajenas a esta. En el capítulo 7, se brinda orientación sobre el modo en que cabe abordar esos vínculos sobre la base de ejemplos de buenas prácticas.

La cultura no se circunscribe a una definición única. En el informe, se analiza diversas creencias y  comportamientos pertinentes en relación con el riesgo y la forma en que la población los asocia a las catástrofes naturales; sin embargo, las estructuras sociales, políticas e institucionales forman parte del proceso de configuración de una cultura.

La comprensión de la cultura reviste cardinal importancia pues denota las consideraciones que dictarán determinadas reacciones ante los riesgos y resulta pertinente para orientar la ejecución de las actividades orientadas a la reducción del riesgo de desastres y a la adaptación al cambio climático. Además, la cultura puede agudizar o disminuir la vulnerabilidad.

La actitud ante el riesgo puede corresponder a comportamientos colectivos difíciles de evitar. La cultura emana de experiencias compartidas de la vida e incluye las fuerzas espirituales que se conjugan en ella como factores influyentes. El distanciamiento de las creencias de un grupo puede entrañar el riesgo de exclusión del "capital social" conexo (conforme se menciona en el capítulo 3 relativo a los medios de vida). 

La cultura ante el peligro concierne tanto a los eventuales beneficiarios de actividades encaminadas a la reducción del riesgo y a la adaptación al cambio climático como a las organizaciones que las ejecutan. En este informe, se analiza la contraposición entre ambas culturas, que va en detrimento de la eficacia de las actividades de mitigación del riesgo y de adaptación al cambio climático, destacándose la imprescindible necesidad de que las organizaciones comprendan su cultura institucional.

Todas las culturas forman parte de constantes negociaciones entre grupos sociales, que abarcan:

 

  • las tensiones entre generaciones;
  • la educación formal;
  • la interacción entre distintos grupos étnicos o religiosos;
  • los conflictos;
  • la interacción y la pugna entre miembros de la comunidad y las personas ajenas a esta;
  • las prácticas o culturas sustentadas en el poder;
  • las prácticas culturales como la danza o la vestimenta.

 

Si bien existen investigaciones sobre el papel de la cultura en las catástrofes, su influencia ha sido mínima en las principales organizaciones.

La cultura puede ser un elemento significativo en el fomento de la vulnerabilidad, en particular si las creencias y los comportamientos reposan en sistemas de poder que asignan desigual condición ante las amenazas (capítulo 4). En algunos contextos, las personas desprovistas de tierras, los miembros de minorías, de estratos sociales y castas inferiores, y las mujeres podrían "aceptar" su condición como un factor cultural y no como un factor de explotación.

También se ha realizado estudios que apenas han incidido en la reflexión sobre la reducción del riesgo de desastres y la salud pública. La cultura determina la percepción de las amenazas que atañen a la salud (capítulo 6), incluidos temas como la nutrición, la vacunación infantil y la persistente negación del origen microbiano de las enfermedades. Las organizaciones que obran por la reducción del riesgo de desastres no han extraído enseñanzas claras de las numerosas iniciativas emprendidas en materia de salud pública y medicina preventiva.

La propagación del virus del ébola en África occidental, desde febrero de 2014, se debe en parte a ideas contrapuestas en cuanto a la gestión de cadáveres y a la suspicacia de las poblaciones locales ante las explicaciones de la enfermedad que ofrecen personas ajenas a estas. La información se interpreta a través de un prisma cultural.

Se pone en tela de juicio que la difusión de información modifica el comportamiento de modo que se reduce los riesgos conforme al modelo convencional de "conocimientos, actitudes, prácticas y comportamientos" y al "modelo del déficit de información" (capítulo 3); además, se examina con acierto el carácter significativo que revisten el lugar de residencia y el apego emocional a este (capítulo 3).

Aunque la cultura constituye un punto de partida descuidado, pero práctico, para comprender los comportamientos tanto institucionales como de la población, no basta para situar el panorama completo y conviene examinar otros factores no contemplados en las actividades de preparación para desastres y adaptación. Las creencias y los comportamientos conexos están ligados a rasgos individuales, incluida la personalidad. 

El presente informe tiene por propósito brindar un atisbo sobre la cultura a las organizaciones que ejecutan actividades de reducción del riesgo de desastres y adaptación al cambio climático. Bajo una faceta de "sensibilización", se propone lograr que los profesionales y las organizaciones consideren legítimo considerar las cuestiones culturales como factores significativos.

En la mayoría de las actividades de reducción de riesgos de desastres se asume que la población actuará de manera que se limite al máximo los peligros detectados por personas ajenas a esta, olvidándose que el comportamiento cultural suele determinar razonamientos distintos.

Numerosas organizaciones que obran por la reducción del riesgo de desastres están desligadas de la realidad cotidiana y desconocen las expectativas de las personas vulnerables. La población no se comporta conforme esperan los responsables de la gestión de desastres. Además, con frecuencia las organizaciones están supeditadas a la financiación de donantes que están dispuestos a respaldar actividades de reducción del riesgo de desastres relacionadas con peligros específicos y que no pueden, o no desean, abordar las causas de la pobreza y la vulnerabilidad.