Capítulo 6 – Atención de salud pública adaptada a la cultura: consecuencias del VIH/SIDA y otros ejemplos

En el presente capítulo, se describe la interacción entre distintas culturas y entre la atención de salud pública y “biomédica” y la medicina “tradicional”. Resulta fundamental que se tenga presente esa conexión.

Los desastres y la salud están relacionados de dos modos. En primer lugar, las catástrofes, crisis sociales o guerras pueden alterar las condiciones de vida y, por consiguiente, causar enfermedades, lesiones u otros graves problemas de salud.

En segundo lugar, las afecciones pueden provocar catástrofes, por ejemplo, una pandemia de VIH/SIDA. Desde una perspectiva de salud pública, esos desastres son fenómenos complejos puesto que es necesario emprender un proceso político para denominarlos como tal.

En las actividades humanitarias y de salud pública, la pertinencia de los conceptos que se denomina de forma vaga "comunidades", "actividades locales" y "capacidad de resistencia y recuperación" es de difundido reconocimiento.

La identificación de las personas más vulnerables resulta fundamental para las actividades humanitarias.

En el Código de conducta del personal de la Federación Internacional, también se toma en consideración la cultura, las prácticas, los conocimientos y las capacidades locales. La organización, que cuenta con millones de voluntarios, ha integrado la sensibilidad cultural en sus políticas y prácticas como método para mantenerse informada de forma permanente y como sistema de alerta temprana.

La asistencia humanitaria y los planes de salud pública también son expresiones culturales.

La mayor parte de los expertos estima que la pandemia de VIH se podría haber prevenido si no hubiesen imperado una inacción y una estigmatización generalizadas. En vista del acusado aumento del índice de infección por VIH en determinados países y de su incidencia directa en vastos sectores de la sociedad, no cabía duda alguna de que la pandemia era un desastre en sí.

Con objeto de poner coto al VIH en Botsuana, se suministró tratamientos antirretrovíricos a escala nacional por conducto del programa Masa ("nuevo amanecer" en lengua setswana), que ha reducido de forma notable la estigmatización y la discriminación de los pacientes seropositivos.

En los últimos años, una creciente cantidad de personas se ha sometido a pruebas de forma voluntaria y ha tomado conciencia de las ventajas que ofrece el tratamiento. Sin embargo, quienes admiten estar infectados de forma abierta son minoritarios.

Los significativos avances logrados mediante esa intervención en la esfera de la atención de salud han restado pertinencia a los grupos de apoyo que velaban por enfrentar la discriminación y han provocado la disolución de la mayoría de los colectivos. Por lo tanto, quienes aún se sienten discriminados han perdido el espacio del que disponían.

Es costumbre tildar de falsos o míticos los conocimientos locales. Si bien en este capítulo no se promueve la medicina convencional, se arguye que coexisten distintas manifestaciones de prácticas relacionadas con la salud y que en ocasiones estas se oponen. Habida cuenta de la confianza que numerosas personas depositan en la medicina tradicional, resultaría inadecuado que esta se obviara en las actividades.

En lo que respecta a las intervenciones de salud pública en relación con el SIDA, numerosos curanderos consideran que se les ha dispensado un trato condescendiente y han quedado relegados a una esfera paralela. Los mensajes difundidos por los agentes de la salud pública quizás ya no incidan en los curanderos y sus pacientes. Es posible que estos se vean excluidos de los tratamientos biomédicos y que los enfoques y los conceptos terapéuticos de los curanderos tradicionales pasen desapercibidos.

Incluso cuando no existe una confrontación patente, la cultura resulta fundamental en la esfera de la salud pública. El grado en que los pacientes seropositivos atienden los consejos médicos es un factor crucial; reviste capital importancia que se realice un estrecho seguimiento de la observancia de estos.

El plan Masa de Botsuana tiene por propósito lograr la aplicación de las recomendaciones médicas por el conducto de distintas medidas. Esta se debe considerar como un factor biomédico obligatorio y como un proceso cultural que conviene tomar en consideración.

La empatía y la sensibilidad cultural parecen desvanecerse en las esferas administrativas más elevadas de las instituciones que obran por la reducción del riesgo de desastres y en los ámbitos político y económico. La adopción de decisiones se funda en programas y objetivos fijos, de obligada aplicación para todos los empleados, regidos por las dinámicas de administraciones de gran envergadura.

Cuando ocurren desastres, los enfoques que ofrecen resultados satisfactorios se suelen fundar en los sistemas vigentes y no en la importación de personal. Sin lugar a dudas, resulta esencial que las organizaciones den cabida a los trabajadores sanitarios locales y faciliten la participación de las personas afectadas de forma directa por los riesgos sanitarios.

Es posible que las divergencias en las interpretaciones de la salud y la sanación conduzcan a olvidar a los más vulnerables. En la edición 2008 del Informe sobre la salud en el mundo, publicado por la Organización Mundial de la Salud, se pone de realce la pertinencia que revisten los objetivos en materia de atención primaria de salud, establecidos inicialmente en 1978, en la Declaración de Alma Ata. Cabe pues interrogarse sobre las enseñanzas que las instituciones pueden extraer.

 

  • Los problemas de salud están relacionados con los hábitos cotidianos y las culturas como expresión de prácticas. No todas las medidas de salud pública se aceptarán de forma voluntaria si contradicen creencias arraigadas de larga data.
  • Las distintas culturas también están presentes en las instituciones que intervienen en el ámbito de la salud pública. Se debe transferir las competencias con arraigo comunitario a niveles más elevados.
  • Es necesario que se reflexione sobre las características culturales que pueden determinar los elementos que constituyen un riesgo o un desastre.

 

En el modelo exhaustivo elaborado por la Organización Mundial de la Salud, figuran muchos de los determinantes sociales de la salud identificados en el caso del VIH/SIDA y vinculados con la cultura, así como sus consecuencias para las actividades en la esfera de la salud pública: "la salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades" (con profundo arraigo en la cultura).

La identificación con las actividades de salud pública en el plano local se puede incrementar gracias a la intervención de los trabajadores sanitarios comunitarios; su capacidad de comprensión del idioma y de la cultura de los beneficiarios a fin de difundir mensajes comprensibles resulta patente.

Las actividades de atención de salud aún se fundan de forma significativa en las normas y prácticas occidentales o de países del norte. En caso de desastre, los sufrimientos psíquicos, como el sentimiento de pérdida o el duelo, se consideran con demasiada facilidad afecciones patológicas.

El reconocimiento de la existencia de otras concepciones de la curación y la asistencia no resulta suficiente. El concepto dual de la modernidad, por oposición a la tradición, socava los resultados alcanzados en materia de salud pública si ambos elementos permanecen desvinculados. Los curanderos tradicionales desempeñan una función importante para la vinculación de ambos. El pluralismo médico resulta pertinente cuando las experiencias vitales de las personas se hallan en una etapa de transición y cuando coexisten diversas concepciones de la salud.

A veces, los sistemas locales de atención de salud propugnan prácticas dañinas.

Por ejemplo, los campos de la pedagogía terapéutica, la psicopatología y la medicina paliativa, las ciencias naturales se han abierto a la vida y han superado la racionalidad de las matemáticas, la química y la física. Ese planteamiento es más visible en los debates sobre la bioseguridad, que se vincula cada vez más con los sistemas de salud. Esas deliberaciones se han centrado en la seguridad humana internacional debido al incremento observado en la amenaza que las enfermedades infecciosas representan a escala mundial. Se estima que las situaciones de peligro legitiman la primacía de la protección contra los patógenos en detrimento del fomento de la atención de salud pública adaptada a la cultura.

Los planes de salud pública se suelen fundar en planteamientos que asignan prioridad a la eficacia y a los enfoques biomédicos. No obstante, la salud y la curación inciden de forma profunda en las vivencias personales, pues están relacionadas con el sufrimiento, incluido el deceso de familiares y amigos, y con la necesidad de hacer frente a la propia mortalidad. Ello incide en las emociones, el bienestar psíquico, las creencias y las aseveraciones colectivas y personales.

Así, se plantean preguntas a las que no se puede responder de forma concluyente únicamente sobre una base científica; las explicaciones filosóficas, religiosas o espirituales resultan fundamentales. Así, las actividades de salud pública deben incluir las consideraciones que se relaciona a continuación.

 

  • Las culturas son un entramado de prácticas que interactúan y que en ocasiones se oponen entre sí.
  • Los organismos de salud pública intervienen en marcos culturales muy diferentes y en distintas escalas.
  • Las instituciones cuentan con una cultura propia de comunicación interna y de adopción de decisiones.

 

Cabe la posibilidad de que las iniciativas de salud pública meditadas y adaptadas a la cultura que incorporan esos factores complejos marquen una diferencia de modo que se garantice una mayor sostenibilidad en la gestión de la atención primaria de salud y los desastres a largo plazo, como en la erradicación del VIH/SIDA.