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Lo que la Cruz Roja Libanesa aprendió de la explosión de Beirut de 2020

“No sabíamos cómo responder ante algo así”

Lo que la Cruz Roja Libanesa aprendió de la explosión de Beirut de 2020

Crédito de foto: Cruz Roja Libanesa

“No sabíamos cómo responder ante algo así”

Lo que la Cruz Roja Libanesa aprendió de la explosión de Beirut de 2020

Crédito de foto: Cruz Roja Libanesa

Había sangre por todas partes… era algo irreal, una explosión más allá de la razón

Para las personas que vivieron la explosión del puerto de Beirut el 4 de agosto de 2020, el horror de ese momento sigue siendo imposible de olvidar.

Una enorme explosión sacudió la capital en cuestión de segundos, matando a más de 200 personas, hiriendo a más de 7.000, destrozando edificios y volando casas por los aires. Las calles se llenaron de polvo y gritos. Las familias corrían entre los escombros, sin comprender del todo lo que había sucedido. Los hospitales, muchos de ellos dañados a su vez, luchaban por hacer frente a la situación.

En medio de este caos, la Cruz Roja Libanesa puso en marcha una de las operaciones de emergencia más complejas de su historia; lo hizo a pesar de la ausencia de una ley de gestión del riesgo de desastres, el marco legal que guía la preparación y la coordinación entre los actores nacionales y humanitarios en crisis graves.

Esta es la historia de quienes sobrevivieron, de quienes respondieron y de por qué se necesitan leyes más sólidas relacionadas con los desastres para garantizar la claridad, la coordinación y la preparación cuando se producen crisis.

Cuando la ciudad colapsó

AI-generated illustration

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En Achrafieh, Rola Yahchouchi estaba medio dormida cuando se produjo la explosión. Recuerda haber abierto los ojos y haber visto cristales rotos por todas partes, sin poder entender cómo había sucedido.

"No recuerdo casi nada... Abrí los ojos y todo estaba lleno de cristales", dice.

Lo que recuerda claramente es haber recuperado la conciencia dentro de una ambulancia de la Cruz Roja Libanesa; entraba y salía del estado de inconsciencia mientras los paramédicos le aseguraban que su familia estaba a salvo y le explicaban que había ocurrido una explosión.

Le dijeron que estaban tratando de encontrar un hospital que la aceptara. La mayoría había sufrido daños o estaba desbordada.

"Me llevaron de hospital en hospital durante horas. Nadie quería atenderme", recuerda.

Durante casi catorce horas, los equipos de ambulancias la trasladaron de un centro a otro hasta que un médico en Biblos finalmente accedió a operarle los ojos. La operación fue un éxito y, con el tiempo, se recuperó.

Su casa quedó completamente destruida. Sus hijos no le dejaron verla durante un mes porque había sufrido daños muy graves.

Al otro lado de la ciudad, Boghos Katkotoma intentaba llegar hasta sus hijos a través de las habitaciones llenas de polvo de su casa. La fuerza de la explosión los había lanzado por toda la casa y, una vez que los encontró, intentó sacarlos lo más rápido posible.

Cuando finalmente logró abrir la puerta principal, "la calle estaba llena de vidrios, sangre, gente llorando y sangrando", dice.

Su tienda quedó destruida y su casa sufrió graves daños. Perdió un ojo y solo puede ver parcialmente con el otro. Durante casi dos años después, uno de sus hijos, que ya tenía dificultades del habla y de audición antes de la explosión, entraba en pánico ante cualquier ruido fuerte.

"Si pasa algo ahora, ¿debo salir corriendo o esconder a los niños adentro? Todavía no sabemos qué hacer", dice Boghos. "Nadie nos lo ha dicho".

Al igual que miles de familias, vivieron una catástrofe con poca orientación, estructura e información.

Rola Yahchouchi

Rola Yahchouchi

Boghos Katkotoma

Boghos Katkotoma

Quienes acudieron primero al rescate corrieron hacia lo desconocido

Mientras las familias intentaban escapar de la devastación, los equipos de la Cruz Roja Libanesa se enfrentaban a su propia crisis.

Wadih Nassif, jefe de servicios médicos de emergencia del distrito de Beirut de la Cruz Roja Libanesa, se encontraba en la localidad de Bikfaya —a unos 25 kilómetros al este de la capital— asistiendo a un evento familiar cuando ocurrió la explosión.

Intentó ponerse en contacto de inmediato con su estación y su equipo, "pero no entendimos lo que había pasado de inmediato… la comunicación era casi imposible porque las líneas estaban caídas", dice. Las llamadas se cortaban o estaban ocupadas, y nadie comprendía la magnitud del desastre.

Cuando llegó a la estación de servicios médicos de emergencia en Gemmayzeh, Beirut, a apenas 500 metros del puerto, "todo estaba destruido", recuerda Wadih. El edificio había sufrido graves daños. Todas las ambulancias estaban dañadas. La calle estaba en ruinas y llena de personas heridas.

Como la estación estaba inutilizable, las personas voluntarias sacaron los suministros y las camillas al exterior y transformaron el área de estacionamiento en un puesto médico improvisado.

"Inmediatamente comenzamos a aplicar nuestro protocolo para incidentes con múltiples víctimas y convertimos el área de estacionamiento en un centro de triaje", dice.

La gente del vecindario acudió allí en busca de ayuda. La población civil apoyaba a los equipos. "La gente ayudó enormemente. Sinceramente, sin las personas de la comunidad, no hubiéramos podido manejarlo". También regresaron a ayudar antiguos paramédicos que habían dejado la Cruz Roja muchos años antes.

Con las comunicaciones gravemente interrumpidas, dependieron de radios y walkie-talkies, formaron pequeños equipos y se desplazaron a pie por la zona para atender a las personas en las calles. Muchos hospitales cercanos, incluidos St. George, Geitaoui y Wardieh, sufrieron graves daños y necesitaban apoyo para evacuar a las y los pacientes a otras ciudades.

"Los desafíos eran enormes y la magnitud del incidente era gigantesca", dice Wadih. La explosión afectó personalmente a muchos de los socorristas, lo que dificultó aún más su trabajo. "¿Cómo puede alguien estar realmente preparado para algo así?"

Esa noche, también existía el temor de que hubiera gases tóxicos en el aire. Los equipos solo contaban con máscaras N95. En los años siguientes, la Cruz Roja Libanesa intensificó la capacitación y la preparación para emergencias químicas, biológicas, radiológicas y nucleares.

Una Sociedad Nacional responde con todo lo que tiene

Incluso la sede de la Cruz Roja Libanesa había sufrido daños; las ventanas estaban rotas y parte del edificio había resultado afectada. A pesar de ello, los equipos se reunieron en cuestión de horas para comenzar a organizar la respuesta.

Ziad El Rayess, director del sector de gestión de desastres, recuerda cómo el personal y el voluntariado se movilizaron desde todo el país, a pesar de que muchas personas habían perdido sus propios hogares o tenían familiares con heridas.

"Algunas personas voluntarios vivían en la zona de la explosión; sus hogares sufrieron daños y algunas resultaron heridas, pero aun así vinieron a ayudar", dice.

"Llegar a las zonas afectadas fue muy difícil. Las calles estaban bloqueadas y las comunicaciones colapsadas", explica Ziad.

Al caer la noche, los equipos de respuesta ayudaron a las familias que ya no podían permanecer en sus hogares. Identificaron refugios temporales y distribuyeron alimentos, agua, mantas y artículos esenciales, haciendo todo lo posible para satisfacer las necesidades urgentes.

En los días siguientes, la Cruz Roja Libanesa continuó apoyando a las personas cuyas vidas habían quedado trastornadas.

La magnitud y la rapidez de la crisis revelaron lo rápido que un desastre urbano puede desbordar los sistemas existentes y destacaron la necesidad de una preparación más sólida.

"La explosión de Beirut nos obligó a replantearnos todo," dice Ziad.

"Nos impulsó a fortalecer nuestra capacidad interna y a actualizar nuestra estrategia de gestión de desastres".

Una crisis sin un marco de referencia 

A lo largo de estos testimonios, una realidad aparece una y otra vez: el Líbano no contaba con una ley nacional de gestión de riesgos de desastres.

El secretario general de la Cruz Roja Libanesa, Georges Kettaneh, lo explica claramente:

"No existe una ley nacional relacionada con los desastres. Hay un decreto que define las funciones de los diferentes ministerios e instituciones, incluyendo la Cruz Roja Libanesa, las Fuerzas de Seguridad, la Defensa Civil y el Cuerpo de Bomberos; pero no hay una ley de desastres".

Georges Kettaneh

George Kettaneh

"La explosión de Beirut fue un shock para todos; no sabíamos cómo responder ante algo así. Para nosotros, una ley de desastres es una ley obligatoria. Nos puede ayudar a conocer nuestras funciones y responsabilidades y a prepararnos para estar listos de responder a cualquier crisis, ya sea provocada por la acicón humana o una amenaza natural".

Sin dicha ley, las instituciones se coordinaron lo mejor que pudieron, basándose en planes y relaciones existentes. Sin embargo, quedaron muchas brechas, desde el liderazgo general de la respuesta hasta los sistemas de preparación y la coordinación clara entre ministerios, servicios y socios humanitarios.

Por qué es importante la legislación sobre desastres, y qué viene después 

En el Líbano, las responsabilidades actuales relacionadas con los desastres se reparten entre múltiples entidades, lo que puede dar lugar a una coordinación fragmentada, a mandatos superpuestos y a una falta de claridad en el liderazgo.

Una ley integral de gestión del riesgo de desastres subsanaría estas deficiencias y proporcionaría una base más sólida para la respuesta nacional, ya que:

  • Establecería, de antemano, quién es responsable de qué cuando se produce un desastre.
  • Identificaría qué autoridad lidera la respuesta, cómo se coordinan los ministerios y los servicios de emergencia, cómo se pueden liberar rápidamente los fondos de emergencia y cómo se activan los planes de contingencia.
  • Crearía la base legal para la cooperación con socios humanitarios e internacionales cuando la capacidad nacional se vea desbordada.

Si bien una ley de este tipo no siempre puede prevenir crisis o eventos catastróficos, puede reducir los riesgos y limitar significativamente su impacto. Más importante aún, determina la rapidez y eficacia con la que un país responde después.

En Vanuatu, por ejemplo, las inversiones en preparación —incluida la formalización de funciones y responsabilidades en la legislación nacional y la ley de desastres— ayudaron a la Cruz Roja a liderar una respuesta humanitaria coordinada ante el ciclón Harold, incluso mientras se desarrollaba la pandemia de COVID-19, con suministros preposicionados, voluntariado capacitado y un acceso más rápido a los fondos ya disponibles.

Si se hubiera contado con un marco de este tipo en Beirut, se podría haber reducido parte de la confusión de las primeras horas:

  • Una autoridad líder designada podría haber coordinado los hospitales más rápidamente, ayudando a garantizar que pacientes como Rola fueran derivados a centros con capacidad disponible en lugar de ser trasladados de un hospital a otro durante horas.
  • Unos procedimientos de emergencia claros podrían haber agilizado las evacuaciones de los hospitales dañados y definido quién era responsable de la comunicación pública.
  • Los planes de contingencia preestablecidos también podrían haber aclarado cómo debían colaborar los ministerios, los servicios de emergencia y los actores humanitarios cuando las redes telefónicas colapsaron y las calles quedaron bloqueadas.

Como explica Chaden El Daif, coordinador del programa de ley sobre desastres de la IFRC para Oriente Medio y el Norte de África:

"Nuestros equipos de respuesta siempre están presentes cuando ocurre un desastre, pero la verdadera protección comienza mucho antes de que se desarrolle una emergencia. Una ley central de gestión del riesgo de desastres fortalecería fundamentalmente la seguridad comunitaria y nacional al garantizar la preparación, aclarar las responsabilidades y permitir una acción coordinada y financiada ante los riesgos crecientes. A medida que los desastres se vuelven más frecuentes y complejos, la preparación legal se convierte en una de las salvaguardias más sólidas que una nación puede ofrecer a su población".

La explosión del puerto de Beirut demostró las consecuencias de enfrentar un desastre urbano a gran escala sin una base legal, y la lección va mucho más allá del Líbano.

Kassem Chaalan, director de la unidad de reducción del riesgo de desastres de la Cruz Roja Libanesa, explica:

"Cuando se produce una crisis, no es el momento de empezar a prepararse; es el momento de activar el plan para el que ya se ha entrenado. Esto es cierto no solo para el Líbano o Oriente Medio. En todas partes, los riesgos están aumentando, ya sea por desastres relacionados con el clima o por conflictos armados".

Las crisis a gran escala a menudo superan la capacidad de los gobiernos y las instituciones para responder por sí solos. Kassem destaca el camino a seguir:

"Por eso es esencial invertir en capacitación, preparación y participación comunitaria. Y por eso es crucial invertir en gobernanza —para desarrollar políticas y leyes que tengan en cuenta estas medidas— a fin de construir comunidades más seguras y resilientes".

Las leyes sólidas relacionadas con los desastres, inspiradas en las mejores prácticas mundiales y adaptadas a los contextos locales, ayudan a garantizar que, cuando ocurra un desastre, los sistemas necesarios para proteger a las personas ya estén en funcionamiento. Permiten a las instituciones actuar con claridad, a las comunidades responder con confianza y a los países coordinarse de manera más eficaz en todos los niveles.

El Líbano debería adoptar una ley integral de gestión del riesgo de desastres para garantizar una mejor coordinación, un liderazgo más claro y una mayor preparación para futuras crisis.

La preparación no es opcional; es una necesidad global y una responsabilidad compartida.