Desarrollo del voluntariado

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05/05/2022 | Artículo

La IFRC se creó para aportar amabilidad, y la amabilidad es más necesaria que nunca

"El mundo se desangra y necesita ayuda ya". Duras palabras de advertencia de un líder humanitario sacudido por una guerra brutal y que vive bajo la sombra de una pandemia mundial. Estas palabras no las escribí yo. Fueron escritas en 1919 por Henry Davison, el líder de la Cruz Roja Estadounidense. Su gran idea era que las sociedades de la Cruz Roja de todo el mundo -que se establecieron después de que el Movimiento fuera creado por el Premio Nobel Henry Dunant en 1863- debían unirse como una fuerza para el bien en todo momento, y no sólo durante las guerras. Davison creía firmemente que la amabilidad, la bondad y la experiencia de las personas voluntarias de la Cruz Roja debían beneficiar a la humanidad también en otros momentos. Así nació la Liga de Sociedades de la Cruz Roja, el 5 de mayo de 1919. Las Sociedades de la Cruz Roja fundadoras fueron cinco: las de los Estados Unidos de América, Italia, Japón, Francia y el Reino Unido. A finales de ese año, la Liga contaba con 30 miembros. La Liga cambió su nombre por el de Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja -la IFRC- en 1991. Ahora tenemos 192 Sociedades Nacionales miembros, y más en formación. El núcleo de la idea sigue siendo el mismo, mientras que el alcance de la red de la IFRC ha crecido enormemente, tanto en dimensión como en impacto. En 2020, 14,9 millones de personas voluntarias de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja prestaron asistencia a más de 688 millones de personas en casos de desastre y otras intervenciones de emergencia; a unos 306 millones en actividades de salud, y a 125 millones en asistencia de agua potable y saneamiento. Son cifras impresionantes, pero la magnitud de las necesidades humanitarias sigue creciendo cada año. En estos momentos, innumerables personas de todo el mundo necesitan ayuda urgente. El conflicto en Ucrania y la presión ejercida sobre sus países vecinos es sólo un ejemplo. Los persistentes daños físicos, sociales y económicos infligidos por la pandemia mundial de COVID-19 es otro. Junto a estas catástrofes está la amenaza siempre presente, y cada vez más grave, del cambio climático. Con retos como estos, ¿puede una idea sencilla -como la que dio lugar en 1919 a lo que hoy se conoce como la IFRC- seguir ayudando a sanar el mundo? Creo que sí, y lo hará. Sabemos lo que funciona, y lo hemos demostrado durante más de un siglo. Es un ser humano que tiende la mano para apoyar a otro ser humano en crisis, a nivel comunitario, donde siempre es más necesario. Es garantizar que el voluntariado y las organizaciones locales tengan los recursos, la formación y el apoyo internacional que necesiten para responder a las catástrofes y las crisis. Es asegurarse de que sus voces sean escuchadas y sus intereses representados en la escena internacional. Y es trabajar para llevar ese apoyo a las comunidades y personas más marginadas, sin importar dónde se encuentren y sin discriminar quiénes son. Es, sencillamente, amabilidad y bondad. Me incorporé a mi Sociedad Nacional, la Cruz Roja de Nepal, como voluntario hace más de tres décadas. Se confiaba en mí -y por lo tanto podía conocer y apoyar a las personas más necesitadas- porque formaba parte de su comunidad, hablaba su idioma y entendía sus preocupaciones. Y la clave para entender lo que la gente necesitaba era la amabilidad. A lo largo de los años, la IFRC ha evolucionado junto a las comunidades a las que apoyamos. Hemos adaptado nuestras formas de trabajo, ampliado nuestra experiencia a medida que surgían diferentes vulnerabilidades y factores de estrés, y hemos sido lo suficientemente ágiles como para ser pioneros y luego incorporar nuevos enfoques de apoyo humanitario. Hemos liderado el desarrollo y la aceptación generalizada de la asistencia en efectivo como la forma más eficaz y respetuosa de apoyar a las personas necesitadas. Después de todo, las personas que lo han perdido todo en una catástrofe o un conflicto no deberían perder también su dignidad. Además, estamos impulsando un cambio en la forma de gestionar y reducir los riesgos de catástrofe a través de la acción anticipatoria, en la que se apoya a las comunidades locales para que reduzcan sus riesgos y se puede activar la financiación inmediata una vez que se alcanzan los umbrales medidos científicamente. Nada de este trabajo sería posible sin la amabilidad de nuestros 14,9 millones de voluntarios comunitarios de la Cruz Roja y la Media Luna Roja. En el Día Mundial de la Cruz Roja y la Media Luna Roja, el 8 de mayo, animaremos a las personas de todo el mundo a creer en el poder de la amabilidad y la bondad y a que #SeamosAmables. El mundo sigue sangrando. Sigue necesitando ayuda. Pero hay casi 15 millones de razones para creer en la bondad, y para tener esperanza. -- Si quieres leer más sobre la historia de la IFRC, visita nuestra página de historia y archivos. Y consulte el hashtag #SeamosAmables en todos los canales de redes sociales esta semana para ver cómo nuestras Sociedades Nacionales están celebrando el Día Mundial de la Cruz Roja y la Media Luna Roja.

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18/03/2019 | Artículo

Walmer y Walter: los gemelos de la Cruz Roja

Estos dos hermanos tienen todo en común, las diferencias más pequeñas como ellos lo dicen, como el estilo de su peinado no sirve de mucho a la hora de identificarlos, si uno se descuida, ya está hablando con el otro, basta que decidan cruzarse por alguna razón para crear la confusión. Incluso ellos mismos no saben si el uno es o fue Walmer o Wlater, puesto que cuando nacieron sus cunas estaban identificadas y constantemente al devolverles a la cuna no sabían si la habían puesto en la correcta.Su historia está llena de coincidencias, lo comparten todo, alguien dice que no son gemelos sino siameses, pues hacen todo juntos, estudian lo mismo y en el tiempo libre dedican su tiempo a la institución que según ellos, les está brindando la oportunidad de ayudar a quienes más lo necesitan. Combinan sus estudios de medicina con la noble vocación del voluntariado en la seccional de Barinas de Cruz Roja Venezolana.Walmer cree que el haber creado lazos de amistad y confraternidad con sus amigos voluntarios y la comunidad, le ha permitido entender mejor las necesidades más urgentes de las personas vulnerables. Su mayor sueño es graduarse de médico y volcar sus conocimientos hacia las personas que viven en comunidades con necesidades de atención de salud.Walter mientras habla su hermano sonríe, la alegría es porque sabe que cuando sean profesionales de la medicina, seguramente irán también juntos a cumplir su noble misión de salvar vidas no solo como profesionales sino también como voluntarios de la Cruz Roja Venezolana.Su familia está feliz, porque saben de la labor social que realizan, les motiva a sus padres saber, que no solo aprenden en la universidad en su carrera de, sino que se nutren de conocimientos y capacitaciones muy importantes proporcionadas por la Cruz Roja Venezolana. Saben que hay días en que no los van a ver, pues con entusiasmo preparan incluso fines de semana su mochila para ir como voluntarios a prestar ayuda a quienes más lo necesitan.Historias como las de Walmer y Walter motivan también a sus compañeros voluntarios porque predican con el ejemplo su compromiso de salvar vidas sin esperar nada a cambio.

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15/03/2019 | Artículo

La abuelita Ana y sus voluntarias preferidas

La abuelita Ana es una de los personajes más queridos de la comunidad de Mirador de la Lagunita. A sus 94 años de edad, Ana ya no puede caminar por sí sola y requiere de la ayuda de su familia y de sus vecinos cuando la visitan. Hace unos días perdió el equilibrio y cayó al piso provocándole heridas en su rodilla, tobillo y sobre todo en su ojo, el cual lastimosamente perdió.Al enterarse de esta noticia, Idanic y Marylin, voluntarias de la Cruz Roja Venezolana la han venido brindando asistencia y atención pre hospitalaria para que las heridas provocadas por la caída no sigan empeorando. Anita, la abuelita consentida de todos, solo se deja curar por estas dos voluntarias que nunca le fallan a la hora de brindarle los primeros auxilios.Idanic Álvarez quien lleva más de dos décadas vinculada a la Cruz Roja Venezolana como voluntaria, dice que trabajar en las comunidades y cuidar de seres humanos como la abuelita Ana, le han permitido entender el verdadero significado de la solidaridad y amor por el prójimo.Mientras la abuelita Ana la observa, Idanic nos cuenta que es importante reconocer las necesidades de los otros y verse reflejada en ellas a través de su labor humanitaria de la cual aprende todos los días.Marylin Marín, socorrista y voluntaria desde hace 16, es también una profesional de enfermería perioperatoria. A su llegada a la comunidad, atendió inmediatamente las heridas de la abuelita Ana que están sanando poco a poco, gracias a sus cuidados y recomendaciones. Marylin dice que poner su granito de arena para la recuperación de Ana, la abuelita de todos, la llena de alegría y siente que a veces quisiera hacer más por ella. Gracias a sus cuidados y las medicinas que le ofrecen, va recuperando su salud. Entre bromas y curaciones llega el momento de despedirse; la Abuelita Ana lo hace con un beso y una bendición a Idanic y Marylin, sus voluntarias preferidas.

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11/03/2019 | Artículo

Sueño que mi comunidad sea saludable y feliz

A primera vista María Elena es una mujer tímida, reservada y que habla poco. No puede esconder su sonrisa de felicidad cuando se percata de la llegada de Idanic y Marilyn, voluntarias de la Cruz Roja Venezolana que vienen apoyando a la comunidad en el desarrollo del proyecto de medios de vida que permitirá que esta comunidad fortalezca sus capacidades locales y sea más resiliente.María Elena vive en la comunidad del Mirador de la Lagunita, un poblado ubicado a una hora y treinta minutos de Caracas. En esta pequeña colectividad, esta líder comunitaria es clave a la hora de organizar a sus compañeros y vecinos en el trabajo comunitario.Respira hondo cuando recuerda que tuvo que regresar hace dos años desde República Dominicana para cuidar a su padre que se encontraba delicado de salud. Regresó con siete meses de embarazo, ahora su hijo va a cumplir un año de nacido y solo espera que su pareja de origen dominicano pronto esté con ellos en el Mirador de la Lagunita.Entre risas y gestos de agradecimiento hacia los voluntarios de la Cruz Roja Venezolana María Elena sueña con una comunidad saludable y feliz.  Idanic y Marylin, voluntarias de Cruz Roja Venezolana la animan constantemente a seguir adelante, ella por su parte, no deja de recordarles que la actividad planificada con los niños en los próximos días, quiere realizarlas con sus voluntarias preferidas. María Elena es también docente en la escuelita de la comunidad y la promotora de la “Olla Comunitaria”. Con gran entusiasmo nos cuenta que ha asumido el gran reto de levantar a su comunidad en compañía de las lideresas que, como ella, trabajan de la mano junto a Cruz Roja Venezolana.

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11/03/2019 | Artículo

La alegría de aprender ayudando

Para Gladys su experiencia en el proyecto “Niños Afectados por la Migración”,  ha sido gratificante. Se sorprende al ver como los niños se expresan, su manejo de la información acerca de la migración y el efecto que esta produce en ellos tanto directa como indirectamente. Hay niños que tienen padres que están en otros países y otros niños que tienen el temor a que los padres tomen las decisión de irse; convivir con ellos le ha cambiado la perspectiva que tiene de la vida,  total cambio en el ámbito personal y profesional.“Como cualquier proyecto ha tenido sus ventajas y desventajas” menciona Gladys, señalando que trabajar con los niños es un poco cansado, ya que están en su etapa de desarrollo y están llenos de energía.Pero la mayor dificultad no es trabajar con niños pequeños, sino sus padres, quienes algunas veces no muestran suficiente apoyo al proyecto, cuando en ocasiones se sugiere dar seguimiento con un tratamiento. “Nosotros hacemos remisión a los niños que van a recibir atención psicológica que están siendo afectados emocionalmente, entonces en ese caso si hemos tenido un poco de rechazo por parte de los padres, ya que entran en negación”, afirmó Gladys.Con respecto al desarrollo del proyecto, Gladys comentó que han sido increíbles todas las actividades que se han llevado a cabo.  Estas actividades se realizan conforme a un guión metodológico, mostrando la competencia de todos los voluntarios en sus trabajos, tanto los psicólogos voluntarios como aquellos que son parte del apoyo que brinda la municipalidad.Gladys comenzó su voluntariado en Cruz Roja Hondureña siendo estudiante en la Universidad; Cruz Roja Hondureña fue la primera organización dónde empezó a desarrollar lo aprendido en la carrera de Psicología. El proyecto “Niños Afectados por la Migración”, ha sido una manera de crecer profesionalmente, ya que le permite poner en práctica todo lo aprendido, ayudándola a entender mejor el trabajo con los niños.“Es una experiencia increíble. Entender la mentalidad de los niños, lo creativos que son; trabajar con los maestros, que muchas veces no están familiarizados con la manera adecuada de apoyar a un niño y mostrarles técnicas para ayudarles en un problema emocional”, afirma Gladys emocionada.Tras preguntarle si volvería a ser voluntaria de Cruz Roja Hondureña sin dudarlo dijo que sí, contando una anécdota que en un tiempo estuvo enferma pero que cuando se recuperó regreso a la organización sin dudarlo, convirtiendo Cruz Roja Hondureña en parte de su vida.

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