Por Kate Forbes, Presidenta de la IFRC
El domingo recibí una noticia que me dejó desconsolada y enfurecida: ocho miembros de la Media Luna Roja Palestina fueron asesinados en Gaza. Un miembro de la Sociedad Nacional sigue desaparecido. Estamos con sus familias y colegas mientras esperan noticias.
Murieron mientras hacían aquello a lo que muchos de nosotros, en el mundo humanitario, dedicamos nuestras vidas: ayudar a otras personas.
Su pérdida es devastadora. Pero lo que es aún más devastador es que sus muertes no son aisladas. Forman parte de un creciente y espantoso patrón de violencia contra el personal humanitario.
Desde la escalada del conflicto, hemos perdido a treinta y seis miembros del personal, treinta de la Media Luna Roja Palestina y seis de Magen David Adom. Y en todo el mundo, desde principios de 2025, diez miembros del personal y voluntariado han muerto en acto de servicio.
Esas personas no eran combatientes.
No eran una amenaza.
Eran humanitarios: hijos, hijas, padres, colegas y amistades. Deberían haber sido protegidos.
Sus muertes son una pérdida insoportable, no sólo para la Media Luna Roja Palestina, sino para toda la familia de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja.
Mientras reflexionaba sobre esta tragedia, recordé un momento de mi visita a Gaza el año pasado. Uno de los miembros del personal de la Media Luna Roja Palestina me miró y dijo: «Todos estamos en la lista de espera... la lista de espera para morir».
Esas palabras me persiguen. Siempre lo harán.
Porque detrás de ellas se esconde una verdad: incluso en las condiciones más peligrosas y deshumanizadoras, hay personas que siguen ayudando a otras, sabiendo bien que cada día puede ser el último.
El hecho de saber que uno puede morir, pero aun así decidir seguir ayudando a otras personas, es el reflejo más puro de lo que significa ser humanitario.
Ayer guardamos un minuto de silencio en las oficinas de la IFRC de todo el mundo. Las banderas de la sede de la IFRC en Ginebra ondean a media asta.
Hicimos una pausa, lloramos, recordamos.
Guardamos un momento de silencio, pero no callaremos.
No podemos callar. No debemos hacerlo.
Debemos seguir alzando nuestras voces, colectiva y persistentemente. Debemos pedir a los gobiernos y a los responsables políticos que asuman sus responsabilidades en virtud del derecho internacional humanitario.
Debemos recordarles sus obligaciones legales y morales de proteger al personal humanitario.
La protección de nuestro personal y voluntariado no es opcional. Es fundamental para los principios que nos unen como comunidad mundial. Cada vez que una persona voluntaria de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja es objeto de un ataque, cada vez que una ambulancia es atacada, cada vez que se pierde una vida mientras se salva a otra, se desgarra el tejido mismo de la humanidad.
Uno de nuestros Principios Fundamentales -el principio de neutralidad- significa hacer frente a las consecuencias, no culpar a nadie. En la práctica, esto significa que nos centramos en ayudar a las personas afectadas por crisis humanitarias en lugar de señalar a ninguna de las partes. Incluso en medio de la angustia por la pérdida de colegas, nos adherimos a este principio.
Pero neutralidad no significa silencio o indiferencia. No culpamos, pero exigimos justicia y rendición de cuentas cuando nuestro personal y voluntariado es objeto de ataques y asesinatos. Alzamos nuestra voz para condenar estos ataques en los términos más fuertes e instar a que nunca queden impunes.
Al recordar a los compañeros y amigos que hemos perdido, nos comprometemos de nuevo a actuar.
En nombre de nuestros compañeros y amigos caídos y de las comunidades a las que ayudamos, pedimos que se asuman responsabilidades. Pedimos justicia.
La rendición de cuentas es importante para las familias y los seres queridos de los ocho miembros asesinados, para el que sigue desaparecido, para toda la familia de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, y para toda la comunidad humanitaria.