Cruz Roja Costarricense y la Universidad de Costa Rica refuerzan la respuesta ante las mordeduras de serpientes en zonas rurales
En los ecosistemas tropicales de Costa Rica habitan 23 especies de serpientes venenosas. Cuando una de ellas muerde a alguien, ya sea a un niño, niña o a una persona que trabaja en el campo, cada minuto cuenta. En una emergencia como esta, la distancia hasta el centro médico más cercano puede ser la diferencia entre la vida y la muerte.La Cruz Roja Costarricense lleva décadas atendiendo a personas afectadas por mordeduras de serpientes venenosas, especialmente en las zonas donde el acceso a centros médicos es limitado. Su rol ha sido fundamental en primera respuesta para estabilizar pacientes y organizar traslados urgentes a hospitales.Solo en lo que va de 2025, 46 personas han sido trasladadas en condición crítica por la Cruz Roja Costarricense tras sufrir accidentes ofídicos. Y cada año, alrededor de 600 personas sufren mordeduras de serpiente en Costa Rica.Pero la Cruz Roja no es la única institución que responde a los accidentes ofídicos, el Instituto Clodomiro Picado (ICP) de la Universidad de Costa Rica (UCR) también ha estado ahí desde 1970.El Instituto Clodomiro Picado es el único productor de sueros antiofídicos en Centroamérica y Panamá. Desde que se fundó, su misión ha sido producir el antiveneno para colaborar con el tratamiento de pacientes que sufren envenenamiento por mordeduras de serpientes en Costa Rica y en otros países en desarrollo.Hasta la fecha, el laboratorio produce cerca de 120.000 frascos de antiveneno por año, salvando vidas no solo en Costa Rica, sino también en Centroamérica, Sudamérica y África.Un acuerdo de esperanzaEl pasado 8 de setiembre de 2025, la Cruz Roja Costarricense y el ICP firmaron un convenio para fortalecer la respuesta extrahospitalaria ante mordeduras de serpiente. Las dos instituciones decidieron unir sus conocimientos y experiencias para acercar el suero antiofídico liofilizado a las comunidades más alejadas del país.El instituto donará a la Cruz Roja Costarricense 30 frascos anuales de este suero. Su formulación en polvo que no requiere refrigeración, facilita el traslado y almacenamiento en lugares estratégicos, permitiendo al voluntariado y al personal de la Cruz Roja prestar asistencia vital incluso en comunidades de difícil acceso.La firma de este acuerdo se enmarca en el “Protocolo Nacional para la Atención del Envenenamiento Ofídico y el Manejo del Suero Antiofídico en Escenario Extrahospitalario”, oficializado por el Ministerio de Salud.Dyanne Marenco González, presidenta de la Cruz Roja Costarricense, afirmó: “Gracias al trabajo conjunto de la Cruz Roja con el Ministerio de Salud y la Universidad de Costa Rica, en este caso específico a través del Instituto Clodomiro Picado, fortaleceremos la atención prehospitalaria para dar respuesta oportuna ante accidentes ofídicos y salvar vidas en comunidades de difícil acceso, donde la atención inmediata puede marcar la diferencia”.“Este convenio reafirma el compromiso humanitario de la Cruz Roja Costarricense de estar presente en los lugares más remotos del país”.Según los términos del acuerdo, la Cruz Roja podrá administrar el antídoto en el lugar del accidente, en lugar de esperar a que la persona afectada llegue al hospital, lo que reducirá las complicaciones graves e incluso las muertes.Además, la UCR capacitará al personal de Cruz Roja para administrar el suero, y fortalecerá las campañas de prevención en comunidades con mayor riesgo debido a sus labores cotidianas y su ubicación geográfica.Al poner la ciencia, la cooperación y la solidaridad al servicio de las personas en condiciones de mayor riesgo, la Cruz Roja Costarricense y el Instituto Clodomiro Picado reafirman que la atención de las personas que sufren mordeduras de serpiente no debe depender de la distancia o la falta de recursos.Para las familias que se dedican a la agricultura y viven en el campo, saber que la ayuda y el antiveneno pueden llegar hasta su comunidad significa un futuro más seguro. El acceso temprano al suero salva más vidas, reduce los problemas de salud a largo plazo y aporta más esperanza a las comunidades rurales.