“Estamos poniendo nuestro corazón fuerte para seguir brindando apoyo”
Una mirada a la respuesta de la Cruz Roja tras los terremotos en Venezuela, contada por las personas voluntarias que siguen trabajando a pesar de su propio dolor.
La noche del 24 de junio de 2026, la tierra tembló en Venezuela, dos veces.
Primero se produjo un terremoto de magnitud 7.2. Segundos después se produjo el terremoto principal, de magnitud 7.5, uno de los más fuertes que ha azotado al país en más de un siglo. Desde entonces se han registrado cientos de réplicas, incluida una de gran intensidad el 29 de junio.
A la mañana siguiente y durante los días posteriores, la magnitud de la catástrofe ha sido abrumadora. Hasta el 3 de julio, las autoridades oficiales reportaron 2.645 muertes y 12.666 personas heridas; y barrios enteros reducidos a escombros.
En La Guaira y por todo Gran Caracas, los edificios de apartamentos se derrumbaron sobre las calles. Las calles se abrieron en dos. Se cortó la luz, el agua y las líneas telefónicas.
Venezuela declaró estado de emergencia, suspendió las clases y puso en marcha operaciones de búsqueda y rescate, pero con los hospitales dañados y el principal aeropuerto internacional cerrado, incluso llegar hasta las personas sobrevivientes se convirtió en una batalla.
Ahora, las familias duermen en plazas públicas y canchas deportivas, no por elección propia, sino porque tienen demasiado miedo de regresar a casa o porque ya no tienen hogar. Muchas siguen esperando noticias de sus seres queridos que quedaron sepultados bajo los escombros.
Quienes llegaron primero
A las pocas horas del primer temblor, el voluntariado de la Cruz Roja Venezolana ya se encontraba en el lugar, incluso en los barrios más afectados.
Desde entonces, se les han sumado colegas de todo el país, personal de la IFRC y equipos de la Cruz Roja de todo el mundo, todos ellos atendiendo una oleada de personas heridas que no ha cesado.
Luis Lamus, médico internista del hospital de campaña de la Cruz Roja Venezolana en La Guaira, estuvo atendiendo a las personas heridas desde las primeras horas tras el terremoto.
“En las primeras 72 horas evaluamos mayormente en el puesto y en las actividades de calle pacientes con traumatismo craneocefálico, traumatismo del tórax, lesiones por aplastamiento, síndromes compartimentales, deshidratación. También hay problemas respiratorios, por la inhalación de escombros, que allá está llegando a ser más una patología del cuidador en este caso, de las familias que están buscando desesperadamente a sus seres queridos”.
Luis Lamus
Luis Lamus
El voluntariado ha instalado puestos médicos en los refugios, ha brindado apoyo emocional tras el impacto del desastre y sigue trabajando para reunir a las familias separadas en medio del caos, todo ello mientras lidian con cadenas de suministro interrumpidas, instalaciones dañadas y necesidades que no dejan de crecer.
En La Guaira, la Cruz Roja Venezolana ha instalado un hospital de campaña y puestos de primeros auxilios para aliviar la presión sobre los centros de salud locales.
Los equipos de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja de Costa Rica, Colombia, México, Panamá, Aruba, Alemania, España, Noruega, Turquía y Qatar también han intervenido, apoyando la atención médica, activando servicios para el restablecimiento del contacto entre familiares y sumándose a los esfuerzos de búsqueda y rescate en el terreno, incluyendo unidades especializadas con perros entrenados para localizar a personas sobrevivientes atrapadas bajo los escombros.
Un rescate que conmovió al mundo
Salvar vidas es el motor y el mandato de la Cruz Roja, desde sus orígenes.
Tras cuatro días de trabajo incansable y compasivo, el jueves 2 de julio, un sobreviviente fue rescatado con éxito.
Rescatistas de la Cruz Roja y equipos de Búsqueda y Rescate Urbano (USAR) de siete países unieron sus conocimientos, herramientas, equipamiento y esfuerzos para rescatar a un guardia de seguridad que se encontraba atrapado bajo los escombros.
Este fue un rescate difícil, para muchos rescatistas, el más complejo de su carrera. Requirió conocimientos especializados, experiencia, rigor técnico, responsabilidad y ética.
Pero este rescate no se trató solo de un hombre. Al lado estaban su familia y sus seres queridos, quienes, además de vivir el desastre de primera mano, sufrían el paso de las horas. Los equipos de la Cruz Roja estuvieron allí para apoyarles durante toda la espera.
Este inspirador rescate demostró, una vez más, que cuando la compasión, la experiencia y la preparación van de la mano, podemos cuidarnos mejor unos a otros y superar los desafíos más complejos.
Responder a pesar del cansancio y la angustia
Las exigencias físicas de la operación de rescate han sido incesantes, llevando tanto a las personas sobrevivientes como a los rescatistas al borde de la deshidratación y el agotamiento.
Pero no es solo el cuerpo el que está siendo puesto a prueba.
“El voluntariado ha enfrentado frustración, por no poder hacer más, porque la gente está colapsada, no logramos ayudar a todas las personas. Es algo que nos agota. Hay emociones, hay estrés, pero también nosotros podemos tener familiares, amigos que están atrapados, y estamos poniendo nuestro corazón fuerte para poder seguir apoyando y que podamos salir de esta situación”.
“No hay palabras que les ayuden a entender lo que pasó”
Antonio Ferreira, un cirujano ortopédico voluntario con 21 años de experiencia en la Cruz Roja Venezolana, ha dedicado sus turnos a atender a un flujo constante de pacientes desde el terremoto. Para él, lo más difícil no son las lesiones físicas, sino la carga emocional que los pacientes llevan consigo.
"Es el impacto psicológico. Cuando escuchas a los pacientes, sus vivencias y ver todo lo que han perdido. No hay palabras que les puedas decir que les ayuden a entender lo que pasó".
La mayoría de sus pacientes son niñas, niños y personas adultas mayores, quienes tienen menos posibilidades de escapar a tiempo.
Antonio Ferreira
Antonio Ferreira
El bombero que no pudo salvar a uno de los suyos
De todo lo que Antonio ha visto, hay una historia que se le ha quedado grabada.
Trajeron a un bombero para que lo atendieran; se había lesionado mientras sacaba a otras personas de entre los escombros. Mientras Antonio le atendía el tobillo, el hombre comenzó a hablar sobre las personas que había rescatado y sobre aquella a la que no había podido salvar.
"Aún siendo personal de salud, sabiendo qué tiene que hacer, cómo desplegar, cómo evacuar, no pudo ejercerlo con con su sangre, con su familiar".
"Es fuerte entenderlo, porque nos puede pasar a cualquiera, a nosotros como personal de salud y saber que cuentas con todas las herramientas para ayudarlo y no pudiste".
La IFRC se moviliza
En cuestión de horas, la IFRC destinó dos millones de francos suizos de su Fondo de Emergencia para la Respuesta a Desastres (IFRC-DREF) con el fin de brindar ayuda inmediata.
Cuarenta y ocho horas después, la IFRC lanzó un llamamiento de emergencia por 50 millones de francos suizos para atender a 300.000 personas en las zonas más afectadas durante los próximos dos años, con servicios de atención médica, agua potable, refugio, asistencia en efectivo y apoyo psicosocial.
Los primeros envíos de ayuda humanitaria ya están en Venezuela: suministros de socorro entre los que se incluyen lonas, mosquiteros, kits de higiene, filtros de agua, mantas, lámparas solares, camas plegables, y demás artículos esenciales para las familias que lo han perdido todo.
Pero las necesidades están lejos de ser cubiertas, afirma Nelson Aly Rodríguez, jefe de delegación de la IFRC en Venezuela.
"La experiencia nos dicta que ante este tipo de situaciones será necesario tener suficientes recursos para poder atender las necesidades de una población que es muy alta, que en este momento no tienen casa, que en este momento no tienen refugio. Creemos que el llamamiento de emergencia de la IFRC nos ayudará a lograr una respuesta eficaz y sólida, coordinada a través de la Cruz Roja Venezolana".
"Hay personas voluntarias que están hoy aquí, que perdieron familiares, perdieron seres queridos y aun así decidieron continuar apoyando estas labores. Es la demostración más clara de la convicción que tiene nuestra gente de poder responder cuando hay una población vulnerable que pide a gritos que se le apoye".
Nelson Aly Rodríguez
Nelson Aly Rodríguez
Tú también puedes ayudar
A pesar de todo lo que Venezuela ha perdido, las y los voluntarios no han dejado de actuar. Robert Díaz, enfermero y socorrista que se unió a la respuesta el segundo día del desastre, lo expresó de manera sencilla.
"La distancia no es límite para nosotros actuar. Nos mueve nuestra vocación de servicio y ponemos mucho amor en lo que hacemos".
Los equipos de la Cruz Roja Venezolana están en el centro de esta respuesta, pero no pueden hacerlo en soledad.
Cada contribución ayuda a llevar agua potable, refugio, atención médica y esperanza a las familias que lo han perdido todo.
Créditos de fotos y videos: Susana Arroyo/IFRC, Cruz Roja Venezolana, Cruz Roja Costarricense.
