Ucrania: Kate Forbes, Presidenta de la IFRC, reflexiona sobre las cicatrices del conflicto y el largo camino hacia la recuperación

La presidenta de la IFRC, Kate Forbes, saluda a los miembros de un equipo de socorristas de la Cruz Roja Ucraniana en Kiev, Ucrania.

La presidenta de la IFRC, Kate Forbes, saluda a los miembros de un equipo de socorristas de la Cruz Roja Ucraniana en Kiev, Ucrania.

Foto: Olha Ivashchenko/IFRC

En medio del sufrimiento, Ucrania es un ejemplo de solidaridad mundial y liderazgo local en la respuesta humanitaria. El camino hacia la recuperación depende del compromiso mundial y constante.

Por Kate Forbes, Presidenta de la IFRC 

El trayecto de Varsovia (Polonia) a Kiev, la capital de Ucrania, dura casi 15 horas. Para algunas personas, este trayecto puede parecer un viaje a un país lejano. Pero Ucrania no está lejos, está en el corazón de Europa. Lo que está ocurriendo aquí no se limita a este país o a su gente; sus retos resuenan en todo el continente y más allá.

A medida que viajamos por las pequeñas ciudades y pueblos de Ucrania, los signos del conflicto se hacen inconfundibles. Los muros conmemorativos muestran los rostros de los soldados caídos, cada foto es el testimonio de una vida truncada. Sin embargo, el verdadero dolor de la guerra lo sufren quienes han quedado atrás: las madres y los padres que han perdido a sus hijos, las esposas que han perdido a sus maridos, las hermanas y los hermanos que han perdido a sus seres queridos.

Ahora que entra en su cuarto año, el prolongado conflicto ha dejado profundas cicatrices en su tierra y en su gente. El futuro sigue siendo incierto, ya que el conflicto y la devastación continúan remodelando la historia de Ucrania. Sin embargo, en medio del sufrimiento, Ucrania se erige como un poderoso ejemplo de liderazgo local en la respuesta humanitaria. También se ha convertido en un símbolo de solidaridad, ya que países y comunidades de Europa y otros continentes han abierto sus puertas, ofreciendo compasión y atención a las personas desplazadas.

La crisis en Ucrania ha puesto a prueba la aplicación de los principios humanitarios. En un entorno mundial polarizado, en el que los relatos suelen tomar partido, mantener la neutralidad y la imparcialidad se ha convertido en una tarea cada vez más compleja. Una de las lecciones clave del conflicto de Ucrania es que, aunque estos principios siguen siendo vitales, la base de toda acción humanitaria es el principio de humanidad.

Humanidad - reconocer y responder al sufrimiento simplemente porque existe. Este principio, por encima de todos los demás, define el verdadero propósito de la labor humanitaria: salvar vidas, restaurar la dignidad e inspirar esperanza.

Miembros de una unidad de respuesta a emergencias de la Cruz Roja Ucraniana participan en un ejercicio de formación para evacuar a personas con movilidad reducida de los pisos superiores de edificios de apartamentos.

Miembros de una unidad de respuesta a emergencias de la Cruz Roja Ucraniana participan en un ejercicio de formación para evacuar a personas con movilidad reducida de los pisos superiores de edificios de apartamentos.

Foto: Olha Ivashchenko/IFRC

Espíritu de humanidad

La Cruz Roja Ucraniana ejemplifica este espíritu, adaptándose a retos sin precedentes y prestando asistencia vital arraigada en las comunidades locales. Al ser testigo directo de su labor, especialmente en las zonas de primera línea, recordé al ave fénix que resurge de sus cenizas. Contra pronósticos inimaginables, se han reinventado a sí mismos, encarnando la resistencia y la solidaridad del pueblo ucraniano.

La red de la IFRC también ha demostrado este espíritu de solidaridad y compasión, prestando un apoyo fundamental a la Cruz Roja Ucraniana y asistiendo a la población ucraniana en los países vecinos. En toda la red, 60 Sociedades Nacionales de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja de todo el mundo han movilizado 2.300 millones de francos suizos para apoyar los esfuerzos humanitarios en favor de Ucrania y de las personas procedentes de Ucrania.

Sin embargo, después de tres años, los retos siguen siendo inmensos. Millones de personas siguen desplazadas, luchando por reconstruir sus vidas. Con los ahorros agotados y el costo de la vida por las nubes, a mucha gente no le queda más remedio que volver a casa. Pero regresar ya no es lo que era: casas, escuelas, hospitales y medios de subsistencia han sido destruidos. El acceso a la salud y la educación es una lucha diaria. 

Las mujeres desempeñan un rol crucial

Un aspecto de esta crisis que a menudo se pasa por alto es el extraordinario papel de las mujeres. Mientras que los hombres han estado luchando en primera línea, son las mujeres las que han mantenido unidas a las familias, las comunidades y los medios de subsistencia. Millones de mujeres han asumido la inmensa responsabilidad de cuidar de sus hijos e hijas, de sus padres mayores y de sus familias desplazadas, a menudo mientras luchaban por obtener ingresos, gestionar la escasez de alimentos y sortear los peligros de este conflicto.

Las organizaciones humanitarias han trabajado incansablemente desde la escalada del conflicto, pero la magnitud de las necesidades es abrumadora. La naturaleza de la crisis ha cambiado: de la respuesta de emergencia a la recuperación a largo plazo, lo que exige un enfoque más amplio y estratégico. Mientras tanto, la fatiga mundial y los recortes en la ayuda, junto con la presión económica sobre los países de acogida, amenazan con eclipsar la urgencia de la difícil situación de Ucrania.

Para hacer frente a las abrumadoras necesidades de las personas afectadas por esta crisis, es esencial un enfoque multidimensional que vaya más allá del socorro inmediato. La recuperación debe ser holística, integrando la ayuda humanitaria sostenida, el desarrollo sostenible y las soluciones políticas. 

Heridas invisibles

Ante todo, la protección de la población civil debe permanecer en el centro de todas las intervenciones. Más allá de la destrucción física, la guerra ha infligido profundas heridas psicológicas. Tratar la salud mental y los traumas es tan crucial como reconstruir viviendas e infraestructuras. Es más fácil reconstruir ciudades que curar heridas invisibles que, si no se tratan, pueden pasar de una generación a otra.

Invertir en iniciativas que restauren la dignidad y apoyen el bienestar mental es esencial para garantizar que el futuro de Ucrania no esté marcado por el dolor no curado de este conflicto. Desde la escalada del conflicto, nuestras Sociedades Nacionales de la Cruz Roja han prestado servicios de salud mental en Ucrania y en 25 países europeos. Es importante continuar con estos servicios, ya que el conflicto en Ucrania ha provocado que unos 15 millones de personas necesiten apoyo psicosocial y de salud mental.

En segundo lugar, la reconstrucción de Ucrania requiere una visión de inclusión y resiliencia. Esto significa dar prioridad al liderazgo local, invertir en educación y salud, y crear oportunidades para diferentes grupos, incluidas las mujeres. Su papel en el sostén de Ucrania durante esta crisis debe ser reconocido, no sólo en la retórica, sino en políticas que den prioridad a su inclusión en la toma de decisiones, en los programas de recuperación económica y en los esfuerzos de consolidación de la paz a largo plazo. Es fundamental fomentar un entorno en el que la población ucraniana lidere su propia recuperación.

Por último, el mundo debe reconocer las dimensiones geopolíticas más amplias de esta crisis. Las organizaciones humanitarias no pueden actuar de forma aislada; su labor debe reforzarse con esfuerzos diplomáticos y políticos que allanen el camino hacia la estabilidad y la recuperación a largo plazo. El reto ahora es mantener la ayuda humanitaria para millones de personas mientras todas las miradas se dirigen de repente al proceso de paz. El costo humano de este conflicto no puede olvidarse, y las necesidades de las personas afectadas no deben quedar eclipsadas por las negociaciones políticas.

A medida que nuestros coches se alejan de Kiev, llevo estas reflexiones conmigo. La respuesta humanitaria de Ucrania, impulsada a nivel local, a pesar de sus dificultades, es un testimonio del poder de resistencia y solidaridad de la gente.

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