Por Kate Forbes, Presidenta de la IFRC
Hoy, 5 de mayo, conmemoramos la fundación de la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja (IFRC). Es un día que nos llama a hacer una pausa, no sólo para celebrar los logros de nuestra red mundial, sino para reflexionar sobre la visión del hombre cuya determinación le dio vida: Henry P. Davison.
Compatriota de Estados Unidos, Davison no sólo fue banquero y filántropo, sino también un hombre que comprendió profundamente el peso del sufrimiento humano y el poder de la unidad. Tras la primera guerra mundial, cuando el mundo se enfrentaba a cicatrices que se extendían por todos los continentes, Davison reconoció la urgente necesidad de reunir a las Sociedades Nacionales de la Cruz Roja para trabajar en cooperación. Fue esta visión la que dio origen a la Liga de Sociedades de la Cruz Roja, lo que hoy conocemos como la red de la IFRC.
El genio de Davison no sólo residía en su visión de futuro, sino también en su creencia en nuestra humanidad compartida. Comprendió que el sufrimiento no conoce fronteras y que nuestra compasión tampoco debería conocerlas. Creía que las Sociedades Nacionales, por grandes o pequeñas que fueran, podían y debían unirse en solidaridad para atender las necesidades humanitarias, ya fuera en tiempos de guerra o de paz, en situaciones de desastre o en emergencias de salud pública. Su liderazgo allanó el camino hacia una acción humanitaria moderna, en la que los principios guían nuestro trabajo, pero el valor y la cooperación lo hacen posible.
Henry P. Davison, fundador de la Liga de Sociedades de la Cruz Roja, delante de las oficinas de J.P. Morgan & Co, en la esquina de Wall Street y Broad Street, Nueva York.
Más de un siglo después, su legado perdura en todos los rincones del planeta donde está presente el voluntariado de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja. Desde los desiertos del Sahel hasta las montañas de Nepal, desde los centros urbanos hasta las islas remotas, la red de la IFRC sigue haciendo realidad la visión fundacional de Davison: una red de iguales, actuando localmente y unidos globalmente.
Como presidenta de la IFRC, y como estadounidense, me siento especialmente orgullosa y responsable de honrar el legado de Davison. Fue un hombre de acción, de claridad moral y de propósito implacable. Y aunque el mundo ha cambiado radicalmente desde 1919, el espíritu que impulsó a Davison a actuar -la creencia en la dignidad de toda vida humana- permanece inalterado.
Y hoy, cuando nos enfrentamos a retos nuevos y cada vez más complejos, a menudo me recuerdo a mí misma la visión de Henry Davison y me esfuerzo por garantizar que nuestra red mundial sea más fuerte, más resistente y más unida, a pesar de la polarización y la división de nuestros tiempos. Su visión no es simplemente un artefacto histórico; es un mandato vivo que debe dar forma a nuestra forma de liderar, de colaborar y de cuidar.
No olvidemos nunca que nos apoyamos en los hombros de quienes nos precedieron. Es nuestra responsabilidad volver a comprometernos con los ideales que Davison defendió y aspirar a un futuro en el que la unidad, y no la división, defina nuestra respuesta a los problemas más urgentes del mundo.
Que el legado de Henry Davison siga iluminando nuestro camino, hoy y en las generaciones venideras.