La humanidad es una: de Solferino a La Guaira, el eco del 24 de junio

Albani Rojas, voluntaria de la Cruz Roja Venezolana.

Albani Rojas, voluntaria de la Cruz Roja Venezolana.

Foto: Cruz Roja Venezolana

Una batalla y dos terremotos conectados por la misma fecha y por la ética de una idea que marca al Movimiento Internacional de la Cruz Roja y la Media Luna Roja desde sus orígenes: la humanidad nos une. Nuestro compañero Johannes Chinchilla, coordinador de comunicación de la IFRC en Caracas, conversa con Albani Rojas, voluntaria de la Cruz Roja Venezolana, sobre su experiencia respondiendo al desastre más grande de la historia reciente del país.

Ocho años después de unirse a la Cruz Roja Venezolana como estudiante de enfermería, Albani Rojas encontró en los terremotos que sacudieron al país una coincidencia que no se le quita de la cabeza: la fecha en que nació la idea que dio origen al Movimiento Internacional de la Cruz Roja y la Media Luna Roja es la misma en la que su país necesitó su ayuda. 

Albani Rojas lleva ocho años como voluntaria de la Cruz Roja Venezolana. Como tantas historias dentro del Movimiento, la suya empezó por casualidad: cursaba la carrera de enfermería cuando vio la invitación a un curso de primeros auxilios organizado por la Cruz Roja y el Colegio de Enfermería. 

"Me interesó; pensé que podía unir esta carrera que estaba empezando con esa labor", recuerda. Se inscribió como aspirante en el área de socorros y se formó durante dos años. Después, la vida la llevó por otros caminos dentro de la institución, pero nunca se alejó del todo: siguió como voluntaria en distintas áreas y asegura que fue ahí donde afianzó su vocación por la enfermería y el servicio. 

A lo largo de su trayectoria, en formaciones y jornadas de difusión, Albani escuchó una y otra vez hablar de los siete Principios Fundamentales, del nacimiento del Movimiento y del valor de brindar asistencia humanitaria imparcial, neutral e independiente. Pero este año, esas enseñanzas dejaron de ser teoría: "las viví en carne propia". 

Una fecha que se repite 

El 24 de junio de 1859, en los campos de Solferino, en el norte de Italia, se enfrentaron los ejércitos franco-sardo y austríaco en una de las batallas más sangrientas de la época. Esa misma tarde llegó al lugar un comerciante suizo, Henry Dunant, que buscaba audiencia con Napoleón III. En su lugar, encontró miles de heridos abandonados a su suerte. Horrorizado, organizó a la población civil, sobre todo a mujeres y niñas de la cercana Castiglione delle Stiviere, para socorrer a todos por igual, sin importar el uniforme que llevaran puesto.  

La consigna que ellas mismas acuñaron quedó para la historia: tutti fratelli, todas y todos somos hermanos. De esa experiencia nacería, cuatro años después, lo que somos hoy: la red humanitaria más grande del mundo. 

Esa es la historia que Rojas llevaba años escuchando cuando, también un 24 de junio, pero de 2026, dos terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 sacudieron la costa central de Venezuela con apenas segundos de diferencia. 

La fuerza de los sismos fue tal que se sintieron hasta en Colombia, Trinidad y Tobago, Aruba, Curazao y en el norte de Brasil. El estado La Guaira fue el más golpeado, con barrios enteros de Catia La Mar, Caraballeda y Playa Grande convertidos en escombros. Fue el terremoto más letal que ha vivido Venezuela en más de un siglo, muy por encima del de Caracas de 1967. 

Semanas después, con la fase de búsqueda y rescate llegando a su fin y el país volcado en la recuperación, el balance oficial superaba los cinco mil fallecidos y los dieciséis mil heridos, cifras que las autoridades advirtieron podrían seguir aumentando. 

"¡Qué casualidad!", eso pensó ella al notar que la fecha del nuevo desastre coincidía con el nacimiento de la organización de la que hoy forma parte y desde la que acompaña la recuperación de miles de personas afectadas. 

Países hermanos 

 Uno de los primeros recuerdos de Albani tras la tragedia fue la llegada de ayuda de "países hermanos". La memoria no le falla. En las cuatro semanas tras el terremoto, llegaron a Venezuela equipos de rescate de más de treinta países, incluidas las Sociedades Nacionales de la Cruz Roja y la Media Luna Roja de Aruba, Colombia, Costa Rica, El Salvador, Alemania, Grecia, Italia, México, Qatar, España, Suiza y Türkiye. Y el apoyo también se sentía a la distancia: dieciséis Sociedades Nacionales lanzaron campañas en solidaridad con la población afectada. 

Solo horas después del sismo, la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja (IFRC) desembolsó dos millones de francos suizos de su Fondo de Emergencia para la Respuesta a Desastres, lanzó un llamamiento de emergencia y envió desde Panamá las primeras toneladas de ayuda humanitaria. Mientras tanto, la Cruz Roja Venezolana ofreció primeros auxilios, apoyó la búsqueda y el rescate e instaló un hospital de campaña en La Guaira, hoy ampliado gracias a la clínica de emergencia facilitada por la Federación Internacional y la Cruz Roja Española. 

Para Rojas, esa reacción internacional, con países que se acercaron motivados únicamente por razones humanitarias, tiene algo de la misma escena que protagonizaron las mujeres de Castiglione hace 167 años, a otra escala.    

"No sé, evidentemente no era la forma en que uno querría que nuestros hermanos nos conocieran", reflexiona, pero esa empatía le resuena todos los días desde entonces, cada vez que viaja de Caracas a La Guaira y ve lo que aún queda por reconstruir. 

Lo que viene 

 Casi un mes después del desastre, cuando conversamos con Albani, ella cree que la necesidad más urgente ya no es solo material. "Lo que se va a necesitar es ayuda psicológica", dice. "Todos estamos conectados con esta situación: niños, niñas, personas mayores, jóvenes. Tanto quien ayuda como quien está siendo ayudado necesitan apoyo". 

Su observación coincide con las evaluaciones de CRV y IFRC, que señalan necesidades crecientes en salud primaria, salud mental y acceso al agua potable. Sí, el desastre está lejos de acabar. 

Preguntada por lo que espera en el futuro cercano, Rojas confía en que la recuperación será posible gracias a la ayuda recibida y al carácter de sus compatriotas: "adelante siempre, con el carisma, haciendo de tripas corazón". Su esperanza es que la empatía y la solidaridad que ha visto crecer estas semanas no se apaguen, que la gente no olvide que la humanidad es una, que ningún dolor es ajeno y que las personas afectadas por el terremoto aún tienen un largo camino de recuperación por delante. 

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