Mongolia: ayudando a los pastores a sobrevivir al "Dzud de Hierro"

Personal de la Cruz Roja de Mongolia visita a una familia local de pastores que recibió diversas formas de ayuda de emergencia tras un periodo de frío extremo que causó daños generalizados al ganado en todo el país en 2024.

Personal de la Cruz Roja de Mongolia visita a una familia local de pastores que recibió diversas formas de ayuda de emergencia tras un periodo de frío extremo que causó daños generalizados al ganado en todo el país en 2024.

Foto: Rachel Punitha/IFRC

Un año después de un período de frío extremo -conocido en mongol como "dzud"-, la IFRC y la Cruz Roja de Mongolia siguen colaborando para ayudar a las familias a recuperarse del impacto económico y emocional de la pérdida de familiares queridos y de ganado esencial.

El sol brillaba en lo alto del cielo sobre las vastas praderas de la provincia de Sukhbaatar, en Mongolia oriental, mientras Altantuya Damdinsuren, de 54 años, y su hermana mayor, Ochirbat Damdinsuren, recibían a los miembros de la Cruz Roja con una amplia sonrisa.

En el interior de su "ger" (nombre de la vivienda tradicional mongola), se afanaban en cocinar para sus visitantes albóndigas de cordero y caldo caliente de hueso, todo ello obtenido de su propio rebaño. Es costumbre mongola ofrecer mucha comida, dulces y bebidas a los visitantes.

La Cruz Roja de Mongolia y la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja (IFRC) fueron a visitar a las dos hermanas para ver cómo les iba un año después de que un largo periodo de frío extremo devastara hace un año a las familias de pastores locales.

Su visita formaba parte de un esfuerzo por evaluar cómo se está recuperando la gente después de recibir la asistencia de la Cruz Roja, que incluye dinero en efectivo, kits para animales, heno, forraje, apoyo psicosocial y mucho más.

Entre los platos ofrecidos había un cuenco de queso de leche casero, extraído de la primera leche de su vaca después de alimentar al ternero recién nacido. Los animales de los pastores mongoles son algo más que una fuente de sustento: son compañeros de por vida. Las familias de pastores ayudan a sus animales a vivir, comer, parir, sobrevivir al frío, atravesar el vasto paisaje y mantenerse sanos.

Encima de una mesa auxiliar hay dos grandes platos de lo que parece ser hierba de cosecha propia, cultivada por las dos hermanas. Altantuya los coge y dice: "Estos son para mis animales".

Altantuya, de 54 años, recibe a los visitantes de la Cruz Roja de Mongolia y de la IFRC en su casa de la provincia de Sukhbaatar, en Mongolia oriental, donde está reconstruyendo el rebaño y la vida de su familia tras un período de frío extremo en 2024.

Altantuya, de 54 años, recibe a los visitantes de la Cruz Roja de Mongolia y de la IFRC en su casa de la provincia de Sukhbaatar, en Mongolia oriental, donde está reconstruyendo el rebaño y la vida de su familia tras un período de frío extremo en 2024.

Foto: Rachel Punitha/IFRC

Recuperarse de una pérdida devastadora

Este cuidado tan íntimo del ganado es normal aquí, pero ha sido especialmente crítico recientemente, mientras las comunidades se recuperaban del frío extremo del año pasado (conocido localmente como «dzud») que se desató hace un año. En toda Mongolia, más de 180.000 hogares de pastores se vieron gravemente afectados por el dzud. En julio de 2024, más de 8 millones de cabezas de ganado, el 12,5% del total de Mongolia, habían fallecido trágicamente, según la Cruz Roja de Mongolia.

Esta dramática pérdida desencadenó una inseguridad alimentaria generalizada, según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación, que redujo drásticamente la producción de carne y productos lácteos básicos, hizo subir los precios e interrumpió las cadenas de suministro. Mientras tanto, las fuertes nevadas limitaron gravemente el acceso de los pastores a los mercados.

Los efectos combinados del aumento de la carga de la deuda mermaron el poder adquisitivo y dispararon aún más la inflación. La escalada de los precios del heno y el forraje agravó las dificultades de todas las familias de pastores, pero especialmente de las familias monoparentales, como la de Altantuya, o de las familias con niños y niñas.

"Las personas a cargo en las familias de pastores tuvieron especialmente dificultades para sobrellevar el estrés de perder a sus queridos animales", explica el Dr. Gantulga Batbyamba, Director del Departamento de Salud de la Cruz Roja de Mongolia. "La pérdida de ganado repercute negativamente en su salud mental, y esto les hace sentir desesperanza y estrés por su futuro".

"Además, las fuertes nevadas que acompañaron al frío extremo hicieron que las niñas y niños mayores que vivían en ciudades cercanas, o las infancias más pequeñas que asistían a internados entre semana, no pudieran volver a casa durante largos periodos".

La propia Altantuya perdió casi 400 cabezas de su preciado rebaño de caballos, cabras, ovejas y vacas. Ahora sólo quedan a su cuidado unos 100 animales, incluidos los recién nacidos, y su principal fuente de ingresos siempre ha sido en gran parte el ganado; también recibe una pensión del Estado.

Para hacer frente a esta enorme pérdida de medios de subsistencia desde el dzud del año pasado, Altantuya ha pedido dos préstamos distintos: uno a un banco y otro con cargo a su pensión.

Altantuya Damdinsuren, pastora de 54 años, montada en el caballo que utiliza para llevar a pastar a su ganado por las vastas praderas del este de Mongolia.

Altantuya Damdinsuren, pastora de 54 años, montada en el caballo que utiliza para llevar a pastar a su ganado por las vastas praderas del este de Mongolia.

Foto: Dash-Ochir Sukhbaatar/Cruz Roja de Mongolia

Respuesta de la Cruz Roja de Mongolia

Para ayudar a personas como Altantuya a recuperarse de este golpe devastador, la Cruz Roja de Mongolia ha estado trabajando junto a las comunidades de pastores cuando se produjo el dzud. Una de las primeras cosas que hizo fue proporcionar kits para el cuidado de los animales y dinero en efectivo multiusos para los hogares de pastores.

Para Altantuya (y más del 80% de las familias encuestadas), ese dinero se convirtió en un salvavidas. Una parte importante se gastó rápidamente en heno, forraje y alimentos adicionales para mantener vivos a sus animales.

Gran parte de este apoyo fue posible gracias a los recursos movilizados a través de un Llamamiento de Emergencia mundial de la IFRC, y estos fondos se destinaron a proporcionar dinero en efectivo a los hogares necesitados, kits para el cuidado de los animales, y apoyo destinado a ayudar a las personas a hacer frente a la salud mental y los impactos psicológicos del desastre.

Dentro de los kits para el cuidado de los animales hay aceite de pescado, ungüento para cascos y ojos, vitaminas en polvo y sal para lamer, que ayudaron a sus animales a sobrevivir a las duras condiciones climáticas. La Cruz Roja de Mongolia también entregó alimentos a las familias que no tenían recursos suficientes para preparar adecuadamente sus propias comidas.

"El heno y el forraje son la ayuda más valiosa para nosotros", dice Altantuya. "Nos permite ayudar a nuestros animales a sobrevivir".

La salud mental y el apoyo psicosocial también han sido fundamentales. La Cruz Roja de Mongolia llevó a cabo una amplia labor de divulgación sobre primeros auxilios psicosociales, visitas domiciliarias a familias de pastores y visitas en persona a centros de soum (distritos), y organizó actividades en internados para apoyar a los niños y niñas que se habían separado de sus familias. También crearon una línea telefónica local de ayuda en línea y a distancia, y difundieron mensajes clave sobre salud mental a muchas comunidades.

Dado que las familias de pastores viven en zonas remotas y muy alejadas, las visitas a domicilio junto con la atención de salud mental, así como las llamadas telefónicas periódicas del personal de la Cruz Roja, han sido un gran alivio, dice el Dr. Gantulga, y agrega que el apoyo de la IFRC a la formación en salud mental y apoyo psicosocial ha permitido a la Cruz Roja de Mongolia fortalecer las competencias del personal y el voluntariado en materia de salud mental y primeros auxilios psicológicos.

Mientras Altantuya se encoge de hombros ante las dificultades, su hermana mayor, Ochirbat, señala que la vida durante el invierno en Mongolia nunca es fácil, y es aún más dura cuando hace mucho frío.

"Cuando hace mucho frío, tenemos que asegurarnos de que los animales no se tumben ni siquiera un rato en el frío; no podrían volver a levantarse y morirían congelados", explica. "Mi hermana los empuja o tira físicamente para que se levanten y sigan de pie por sí mismos".

Un año después del dzud de 2024, la Cruz Roja de Mongolia y la IFRC siguen ayudando a las familias de pastores a volver a ponerse en pie, ofreciendo asistencia y servicios humanitarios esenciales a las familias y a muchas otras personas que lo necesitan. Para familias de pastores como Altantuya y su hermana, la única esperanza después de tales acontecimientos es reconstruir su rebaño y empezar de nuevo.

Escrito por Rachel Punitha, Oficial Superior de Comunicaciones de la IFRC, Región de Asia y el Pacífico

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