Voces que abren camino
El liderazgo de las mujeres en la acción humanitaria
El fuerte estruendo del avión que aterriza en Maiquetía, en Venezuela, el soplo helado del altiplano boliviano, la vista de tierra húmeda al descender en Perú y el cálido olor de un almuerzo que por un instante sabe a hogar.
Cada sensación marca el inicio de una historia de cambio.
Así lo vivieron Gloria Morón, Gerente de Operaciones en Venezuela; Suany Soriano, Coordinadora de Asistencia en Efectivo y Cupones en Bolivia; Yanci López; y Paula Taja, Gerente de Operaciones y Gerente Adjunta de Operaciones en Perú, respectivamente.
Para cada una, ese primer contacto con una emergencia internacional fue también el punto de partida de una transformación profunda.
Gloria confiesa que el sonido del motor del avión “ya es un sonido familiar” cuando llega al aeropuerto, es una señal de que su trabajo comienza.
Suany evoca “el frío” que sintió al llegar a su nuevo destino tras dejar su país tropical.
Yanci habla de la vista desde el avión y de cómo su mente ya comenzaba a trazar estrategias de trabajo antes de aterrizar.
Paula recuerda cómo uno de sus primeros almuerzos en equipo, en medio del caos, le supo “a casa”.
En todas, el miedo y la incertidumbre se mezclaron con la emoción y la convicción de que estaban listas, incluso si no lo sabían aún.
Pero no están aquí solo por vocación. Sus pasos son también el resultado de un proceso regional que ha trabajado para abrir el camino.
Desde 2019, el Proyecto Regional de Equidad de Género y Liderazgo en las Operaciones de Emergencia en América, impulsado por IFRC con el apoyo técnico y financiero de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) y la Cruz Roja Canadiense, ha formado y acompañado a mujeres para asumir estos roles, construyendo oportunidades reales, no simbólicas.
“Antes era un desafío postular a un despliegue internacional; hoy sabemos que hay mentorías, entrenamientos y procesos que nos respaldan”,
Su participación es prueba viva de cómo las capacidades se fortalecen cuando existe un sistema que las apoya.
Asumir un rol de liderazgo en emergencias implica tomar decisiones que marcan vidas.
Gloria lo resume así:
“Cada familia tiene una historia, y escoger duele”
Suany relata cómo detuvo una entrega cuando detectó problemas en una comunidad:
“Tuve que dejar a familias sin ayuda en ese momento,pero protegí al equipo”
Yanci vive otro tipo de dilema, uno que va más allá de lo operativo:
“Soy madre de una adolescente, y cuando estás en una operación, toca decidir entre estar en un momento importante para ella o salvar vidas. Es un equilibrio diario, emocional y logístico”
Al hablar con ella, Yanci lo dice con una fuerza que trasciende el terreno:
“A veces toca, como dicen, morir yo para poder dar vida y para poder salvaguardar la vida de las personas que lo necesitan”.
Ella describe su vida como multifacética: estratega, cuidadora, gestora y sostén emocional al mismo tiempo.
En este contexto, el Fondo de Apoyo al Cuidador, parte esencial del programa, se vuelve una herramienta transformadora. Permite que mujeres como Yanci se desplieguen sabiendo que sus responsabilidades familiares están cubiertas.
No se trata solo de facilitar una operación, sino de reconocer que el liderazgo de las mujeres necesita condiciones reales para crecer. Cuando se apoya a quienes cuidan, se cuida también la misión humanitaria.
“Ese apoyo es real. La disponibilidad también es un privilegio. Tener redes que lo hagan posible no debería ser una barrera más ”
La inversión no solo se mide en resultados operativos, sino en la posibilidad de que cada mujer sepa que no está sola cuando dice que sí a una misión internacional de Cruz Roja.
El cambio también es cultural y personal. Gloria admite que en reuniones operativas donde era “la única mujer y la más joven”, debía repetir sus ideas hasta ser escuchada.
“Cuesta que te vean capaz. Pero llega un momento en el que dejas de pedir permiso”.
Suany y Paula coinciden en que la barrera más difícil de derribar muchas veces está dentro de una misma:
“Dudamos, no postulamos, no creemos que somos capaces. Pero lo somos”.
Gloria añade con una sonrisa:
“La carga más pesada es el miedo… pero hay que intentarlo, incluso con miedo”.
Ese es quizá el mensaje más poderoso entre ellas: creérsela. Paula lo resume con ternura:
“Dudé muchas veces… pero si estoy aquí, es por algo. Toca seguir”.
Gloria reconoce que fue su esposo quien primero le dijo que confiara en ella:
“A veces los demás ven en nosotras lo que todavía no somos capaces de ver”.
Y Suany destaca el valor de aprender de otras:
“Ponernos los lentes de quien ya estuvo antes ayuda a mirar más lejos. Este camino se recorre acompañadas”
Porque el cambio no depende solo de ellas. También hay varones que han sido aliados fundamentales.
Steve McAndrew, jefe del Clúster de Países Andinos de IFRC, habla con orgullo de haber impulsado procesos como jefe de Operaciones de Emergencia (HEOPS). Steve apoyó para que el acceso a roles operativos fuera justo:
“Diseñamos pruebas, entrevistas y simulaciones para nivelar el terreno. Más del 50% de quienes ingresaron fueron mujeres, muchas de las cuales hoy lideran operaciones en la región”.
Para Steve, el verdadero cambio ocurre
“cuando los sistemas sostienen el talento, sin importar el género, y cuando los varones también se comprometen activamente con la equidad”.
Raziel Uranga, Coordinador de Seguridad en Ecuador, coincide. Para él, el cambio también es sistémico:
“Ellas construyen vínculos con la comunidad en semanas, algo que a otros nos toma meses. Si queremos resultados mejores, hay que crear estructuras que permitan que ese talento esté en terreno”.
Raziel también resalta el valor del coaching “de mujer a mujer”, porque
“ellas comparten realidades que a veces los hombres ni imaginamos”.
Steve y Raziel coinciden en que el cambio no es simbólico: es sostenido, planeado y respaldado por decisiones institucionales.
Las mujeres ejercen una forma de liderazgo distinta: empática, firme, estratégica. Yanci lo describe así:
“Liderar con equidad no es tener todas las respuestas, sino construirlas junto al equipo. Es contener emociones y decidir con la razón cuando el corazón quiere adelantarse”.
Suany, por su parte, redefine su rol técnico como un acompañamiento humano:
“No solo entregamos dinero, somos asesoras financieras en contextos vulnerables. Es otra manera de cuidar”
Volvamos entonces al principio. El avión aterriza. Esta vez, bajan cuatro mujeres: Gloria, Paula, Suany y Yanci.
No bajan como excepción, bajan como parte de un nuevo ritmo, de una nueva forma de entender el liderazgo en emergencias.
Sus pasos firmes, sus decisiones claras y sus voces compartidas nos recuerdan que el cambio no se decreta, se construye.
Porque cuando una mujer lidera, no lo hace sola: la acompaña una red diversa, varones y mujeres que creen en su capacidad, y un programa que transforma estructuras para que el liderazgo con equidad sea una realidad posible, sostenible y compartida.
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